"Cuando los ciudadanos se desentienden de la política...
...pueden llegar al poder políticos que se desentiendan de los ciudadanos".
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viernes, 14 de junio de 2013

El quién es quién de la guerra en Siria. O por qué occidente no ha intervenido hasta ahora.

ABSTRACT (RESUMEN): La guerra en Siria se ha convertido en realidad es bastante más complejo que este dibujo (aunque tiene su punto). Hay dos bandos, sí; el del dictador y el de los rebeldes/oposición. Pero en ambos bandos hay diversas facciones con intereses muy diversos que se han aliado a veces casi por casualidad y conveniencia (salvando las distancias, un poco como en la guerra civil española). Sin ánimo de ser exhaustivo en el análisis, este artículo presenta el escenario geo-estratégico básico para comprender la guerra; siempre teniendo en cuenta que la información que nos llega no es completa ni actualizada y que los matices son innumerables.

  • Al bando del dictador (Bashar al-Assad) lo apoyan:
-Rusia, que vende armas al dictador y le ayuda diplomáticamente (por ejemplo vetando resoluciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas) como una manera de hacerle la contra a EEUU. Tiene intereses en el petróleo de la zona y en ciertos oleoductos. Para Rusia, el dictador es una garantía de estabilidad y un aliado desde hace tiempo. Piensan que cualquier cambio puede dejarles sin influencia en la zona. Además, Rusia siente que EEUU y sus aliados intervinieron en Libia mucho más allá de lo que Rusia permitió en el Consejo de Seguridad. Rusia piensa que es peligroso para sus intereses que EEUU interprete el caso Libio como un precedente internacional y esta vez quiere ser más tajante en su bloqueo. Por si fuera poco, a todo esto se añade que el bando rebelde es mayoritariamente suní (un tipo de islam), misma religión que profesan los chechenos (pueblo que ha intentado varias veces independizarse de Rusia por la vía armada)... Aunque el conflicto checheno hace años que dejó su fase más truculenta, "rebeldes+armados+suníes" son palabras que los rusos no quieren ver juntas.
-Irán, que apoya con múltiples recursos, incluidos los militares. Irán es de religión chií (un tipo de islam) y el dictador es alauí (un tipo de chiismo). Tiene en común con el dictador su miedo a las revueltas pro-democracia de los últimos años como amenaza a su poder autoritario. Asimismo, de ganar el dictador, Irán aseguraría su influencia en la zona (recursos naturales-económicos incluidos). 
-Hezbolá, un grupo armado chií (terrorista para occidente) del Líbano, que está financiado por Irán y aporta al dictador soldados. Harán lo que haga Irán. Entienden la guerra como un conflicto entre etnias y facciones religiosas (al estilo de la guerra del Líbano).
*A estas fuerzas se le han sumado milicianos de diversos orígenes: kurdos (PKK), Iraquíes (chiíes), Palestinos extremistas, etc.
-La minoría alauí de Siria, confesión a la que pertenece el dictador. Temen que las demás etnias (que no medraron tanto durante la dictadura) se venguen contra ellos si cae Al-Assad.
-Parte de los cristianos sirios (que son muchos, por cierto, aunque minoría), que temen que si ganan los rebeldes (muchos de ellos extremistas islamistas) se les quiten derechos (curiosamente, el dictador era uno de los garantes de la libertad de cultos y los cristianos no estaban más oprimidos que cualquier otro colectivo).
*Algunos sectores que inicialmente se alinearon con los rebeldes ahora han vuelto a apoyar al dictador tras el temor de que tomen el poder ciertas secciones fundamentalistas del bando rebelde.
*Otros países se han posicionado en contra de intervenciones favorables a la oposición y han defendido el estatus quo (lo que viene a ser, al dictador). Entre estos países tenemos, entre otros, a varios conocidos del antiamericanismo, como Cuba o Venezuela y a un semi-aliado ruso como es China en todo lo que sea la defensa de dictaduras y la oposición a EEUU.
  • A la oposición la apoyan:
-Arabia Saudí y las monarquías árabes suníes (un tipo de islam), ya que son enemigos de Irán y la mayoría de la población siria (y de los rebeldes) es también suní. Temen que si el dictador gana, Irán amplie su área de influencia, teniendo un arco de aliados con territorios continuos en Líbano-Siria-Irán.
-La parte (mayoría) de la población suní de Siria. 
-La minoría laicista pro-democracia y derechos humanos (y digamos, progresista al estilo de la primavera árabe) de la población siria. Todo esto empezó cuando, hace dos años, se reprimieron brutalmente las manifestaciones de este sector de la población y una parte de ellos tomaron las armas para derrocar al dictador.
-Buena parte de la minoría kurda, que ve en la guerra una oportunidad de ganar una gran autonomía para sus territorios.
-Una parte del ejército sirio, que se ha vuelto contra el dictador (pertenencientes sobretodo a los anteriormente citados grupos) y que encabezan el llamado Ejército Libre de Siria.
-Al-Qaeda. Sí, Al-Qaeda son suníes, y están deseando que caiga el dictador para, aprovechando el caos de la guerra y las instituciones débiles de la post-guerra, hacerse con el control de varias regiones en las que puedan implantar su modelo de sociedad estilo talibanes de Afganistán. Van un poco por libre y, de hecho, el temor a ellos ha hecho que algunos sectores que antes apoyaban a los rebeldes ahora casi que prefieran la opresión del dictador que la de los talibanes. En cualquier caso, no suponen más que una minoría del bando rebelde y, en gran parte, se trata de fuerzas de origen extranjero.
-También hay otros grupos suníes extremistas que no son técnicamente Al-Qaeda, pero que se le parecen. Son un parte importante aunque no mayoritaria de la fuerza militar de los rebeldes.
-La OTAN (EEUU, Reino Unido, Francia, España, Turquía, etc.). Por un lado la OTAN es enemiga de Irán (que está en el otro bando) y  EEUU es aliado de Arabia Saudí. No debemos caer en la tentación de equiparar Siria con lo ocurrido en Libia (donde los bandos eran dos, razonablemente sencillos y ninguno especialmente bien armado). Si en Siria no han intervenido hasta ahora es porque no se tiene muy claro qué quiere hacer con el país la oposición/rebeldes si gana la guerra. EEUU temía hacer ganar a unos rebeldes que luego acaben creando otro Afganistán: sí, en teoría democrático, pero un caos incontrolable donde florezcan los extremistas tipo Al-Qaeda. Siria tiene recursos naturales interesantes, pero quizás no merezca la pena ni a los occidentales más avariciosos meterse en esta guerra por ellos, al estilo de Irak. Entrar en guerra con Irán no es cualquier cosa, y todo podría complicarse mucho más si entrara EEUU en la partida con tropas propias sobre el terreno. Una parte de la oposición nos pide a gritos que les ayudemos para evitar ser aplastados por el dictador (como ya ha hecho en numerosas ciudades que los rebeldes habían tomado), otra nos mira con recelo. De momento, EEUU ha anunciado ayuda en equipos militares y en cuanto al dominio aéreo.
*La UE, en particular, acaba recientemente de permitir que se vendan armas a los rebeldes (y prohíbe que se haga al dictador), pero nada más -ayuda humanitaria a parte-. Como organización está claro que no entrará en ningún conflicto armado, pero Francia y Reino Unido podrían sumarse a intervención estadounidense. En cualquier caso, lo veo menos probable en el caso de Francia. Francia acaba de salir de Mali y Hollande no está como para jugarse su popularidad a una tercera guerra en poco tiempo (mucho más difícil que las anteriores). Además, la UE no puede dejar de comprender la ambigua situación de los cristianos sirios que, sin ser particularmente partidarios del dictador, ven con mayor temor si cabe la incertidumbre que pudiera seguirle.
*Turquía, que es parte de la OTAN, podría entrar en la guerra por el bando de los rebeldes (provocaciones de los sirios no han faltado, ataques fronterizos incluidos). En teoría no parece descabellado que quiera fomentar la democracia entre sus vecinos, siendo como es el país que de referencia en la región como modelo de democracia musulmana moderna. Sin embargo, no lo ha hecho porque no ve claro que tenga nada que ganar con ello y sí mucho que perder (por ejemplo, que los kurdos -un pueblo independentista que vive a caballo entre Turquía, Siria e Iraq- aproveche la confusión para afianzar sus posiciones, justo ahora que parecía que el PKK iba a dejar las armas). Turquía, recordemos, puede obligar a EEUU y el resto de la OTAN a entrar en la guerra si se ven amenazadas sus fronteras (aunque hasta ahora se ha valido por sí misma para repeler los ataques que ha sufrido). Si quieren un "casus belli", no les costará encontrarlo.
*Otros países árabes de reciente democracia como Túnez, Egipto o Libia (suníes, por cierto) también han dado apoyo diplomático a los rebeldes (que son "hermanos" de la primavera árabe), pero están demasiado débiles como para prestarles apoyo militar.
*Israel es otro cabo suelto. En teoría podría entrar si lo hiciese EEUU, aunque en ocasiones va por libre; teniendo en cuenta que el dictador es apoyado por sus archienemigos: Irán y Hezbollá. Es más, ya han habido varias batallas entre las fuerzas de éste y las de Israel en la región fronteriza y disputada de "Los Altos del Golán". Sin embargo, lo más probable es que Israel se limite a mantener su influencia en esa zona, sin aventurarse más profundamente en el conflicto sirio.



En definitiva, el conflicto sirio es muchísimo más complejo que el de Libia (un conflicto entre tribus, pero de la misma religión; en el que el dictador apenas tuvo aliados, salvo algunos tuaregs). Decía al principio que me recuerda, salvando las distancias, a la guerra civil española de 1936-39, en la que se amalgamaron a facciones muy diversas y hasta opuestas tanto en un bando (como eran el comunismo, el anarquismo y el progresismo democrático) como en el otro (como eran los tradicionalistas carlistas, los revolucionarios falangistas y ciertos poderes económicos). Es más, no olvidemos que también en Siria hay muchos combatientes que luchan simplemente "en el bando que les ha tocado" por razones geográficas o religiosas, pero que probablemente abandonarían el frente si les dejaran (como ha ocurrido a menudo en el bando del dictador). Como añadidura, otro punto de similitud es la participación de brigadistas voluntarios internacionales en ambos bandos, que ven el conflicto como un tablero en el que se juega una partida a mayor escala (suníes contra chiíes, religiosos contra laicos, democracias contra dictaduras...). Como broche, vemos también como cada bando cuenta con el apoyo desigual de diversas potencias extranjeras que apoyan militar, económica o diplomáticamente.

A la hora de entender por qué EEUU y los demás occidentales no hemos intervenido con tropas ya que si lo hiciéramos (del lado de los rebeldes, se entiende) se darían situaciones tan irónicas como que la OTAN y Al-Qaeda estarían luchando contra el mismo enemigo. Al igual que EEUU no apoyó a los republicanos españoles porque prefería a un dictador que a un hipotético gobierno comunista, ahora teme apoyar con tropas (aunque ya lo hace actualmente con equipamientos y próximamente quizás con su fuerza aérea) a los rebeldes, por temor a cargar con las culpas de un hipotético estado fallido y base para el terrorismo fundamentalista.
Pero no solo los occidentales estamos sujetos a estos dilemas. Las monarquías árabes, que son regímenes absolutistas (o casi), están apoyando a unos rebeldes que quieren derrocar a un dictador para implantar la democracia, principalmente para ganar influencia frente a su archienemigo, Irán. Algo así como cuando las monarquías absolutas de Francia y España apoyaron a los estadounidenses a independizarse, con tal de perjudicar a Inglaterra. Quizás acaben sentando un peligroso precedente que se les vuelva en contra el futuro... como les ocurrió a Francia y España. La historia es tozuda y le gusta repetirse.

martes, 31 de enero de 2012

Referendums de independencia. ¿Escocia como un modelo para España?

ABSTRACT (RESUMEN): El Primer Ministro británico, David Cameron, ha comenzado el año con un anuncio bomba: se va a convocar un referéndum para sobre la independencia de Escocia. Así de sencillo. Una votación. Sale que sí o sale que no. Y fin de la historia. Las reacciones en España no se han hecho esperar. ¿Es aplicable esa idea a España? ¿Es legalmente posible? ¿Es políticamente deseable? ¿Qué podría ocurrir aquí si siguiéramos el ejemplo británico?

1. El caso escocés.
Cameron ha sorprendido a ingleses, escoceses y al resto del mundo con su anuncio. No lo ha hecho "a cambio" de ningún favor político de los nacionalistas escoceses, no lo ha hecho ante ningún clamor popular independentista (encuestas recientes cifran el apoyo a la independencia entorno al 16% de los escoceses; con un 38% de indecisos, eso sí), ni tampoco lo ha hecho por convicciones morales o históricas. Cameron, simplemente, ha sido pragmático.
En primer lugar sabe que lo más probable es que salga que no a la independencia. Así podrá tener un argumento demoledor contra el Partido Nacionalista Escocés, que pide cada vez más autonomía política para esta región. Se rompería el "círculo vicioso del regionalismo", por el cual si el poder estatal le cede más competencias a la región acrecienta el poder nacionalista, por lo que consigue más instrumentos para ganar votos, y si no lo hace los nacionalistas lo utilizan como argumento para denunciar la "opresión centralista", por lo que también ganan votos.
Por supuesto, en estas consideraciones nunca debemos menospreciar el aspecto "cortina de humo" del asunto. Sin duda a Cameron le vendrá muy bien que durante una temporada la gente hable de otra cosa que no sean sus recortes sociales.
En el muy improbable (pero no imposible) caso de que salga que sí en el referéndum, tampoco sería una catástrofe para el Reino Unido (más allá de que quizás dejase de tener sentido su propio nombre). Escocia es una de las regiones menos ricas del país, por lo que su secesión haría subir el PIB per cápita del R.U. Como guinda del pastel, hay que decir que en Escocia el partido conservador (el del actual primer ministro) es precisamente donde menos votos obtiene [véase en azul en el mapa], luego su independencia tendría la consecuencia colateral de aumentar el porcentaje de escaños de los conservadores.
Así, aunque hiera los sentimientos patrióticos de los británicos más acérrimos, en términos estratégicos a corto plazo al gobierno actual le vendría hasta bien la secesión. Sin embargo, el principal objetivo del referéndum es dejar sin discurso a los nacionalistas escoceses, parando así en seco sus continuas reclamaciones competenciales.
Como contexto, es interesante saber que estas competencias apenas llevan transferidas desde 1998, año en el que Toni Blair creó el actual modelo de descentralización. En 1997, un referéndum apoyó la creación del Parlamento Escocés, por lo que fue incluido en la Ley de Escocia de 1998, comenzando sus sesiones al año siguiente.
Actualmente, a falta de que el anuncio se concrete en una convocatoria concreta, las mayores discrepancias se hayan entre el gobierno central británico y el gobierno regional (del Partido Nacionalista Escocés) por el quién debe convocar la fecha de la consulta y quién debe redactar la pregunta. Todo apunta a que ésta se hará en el momento y con las palabras que prefiera Cameron. Es decir, a principios de 2014 y con una pregunta muy sencilla de independencia sí o indendencia no. El PNE por su parte prefería retrasar el referéndum un poco para hacerlo coincidir con cierta fecha conmemorativa de gran simbolismo para el nacionalismo escocés, así como introducir (ante la previsible victoria del no) una tercera opción que contemplase la permanencia en el Reino Unido pero con mayores competencias para Escocia.



2. Precedentes: en especial, Quebec 1980/1995.
En todo el mundo democrático occidental sólo hay un precedente que podríamos encontrar aplicable a esta situación más allá del escocés, el de Canadá y su región: Quebec. Esta región organizó dos referéndums sobre su independencia en 1980 y 1995, ganando la respuesta negativa por un 59,6% y un 50,4% respectivamente. Según las encuestas poco menos de la mitad de los quebequeses sigue deseando constituirse en estado independiente. La región continúa como una autonomía dentro de Canadá pero con importantes competencias y un papel importante de los nacionalistas en la vida política. No obstante, lo cercano de los porcentajes creó gran polémica por cuestiones técnicas y abrió un posterior debate (que culminó en 1999 en ley) sobre si un simple 51% de los votos debía bastar para proclamar la independencia en el caso de hipotéticas futuras consultas.
Esta región, francófona y católica, había sido históricamente algo distinta del resto de Canadá, anglófono y protestante. Es de remarcar que la mayoría de la población habla solo una lengua, menos de un 1% se declara bilingüe en cuanto a su lengua materna y  solo tres de los más de siete millones de habitantes habla las dos lenguas (aunque no al mismo nivel). Esto supone una situación que podríamos asimilar a la de Bélgica pero no a la de España, donde no hay diferencias religiosas sustanciales y casi la totalidad de la población habla castellano con independencia de que, además, conozca otra lengua. Sin embargo, la ideología detrás del independentismo es políticamente similar a las que podemos encontrar en Cataluña.
En noviembre de 2006 el parlamento canadiense, con el apoyo del partido en el gobierno, reconoció a los quebequeses como nación dentro de un Canadá unido en un intento de aplacar los deseos secesionistas de los partidos independentistas, aunque en sentido cultural y social, no legal. Esto es un concepto legalmente muy similar al concepto de "nacional" establecido en el actual Estatut de Catalunya, que el Tribunal Constitucional sentenció que se ha de interpretar como una apelación al término "nacionalidad" y no al de  "nación soberana depositaria de derechos políticos". Es decir, más un símbolo identitario que una declaración político-jurídica.
Canadá ha sido un ejemplo de cómo el referéndum secesionista puede abordarse sin mayores traumas que la habitual competición política. Y que es más fácil convencer a alguien de quedarse en un país si se le permite elegirlo que si se le niega la opción. No obstante, toda comparación ha de cogerse con pinzas, pues tampoco podemos permitirnos aplicar a la bicentenaria nación española los esquemas de un país que a principios del siglo XX ni siquiera existía.

-¿Existe algún precedente de secesión democrática aplicable para España?:
No existe, a día de hoy, un solo país que haya pedido y alcanzado la secesión fuera de tres supuestos muy concretos: descolonización, conflictos étnico-religiosos y fin de imperios. Y animo al lector a que encuentre una sola excepción a esta regla. Es decir: NO hay precedentes de ninguna región en un país democrático que haya querido (mayoritariamente por referéndum) la secesión del estado al que pertenecía; salvo, quizás, el particular caso islandés, que veremos a continuación.
En la mayoría de los casos que han visto los siglos XX y XXI se trata de descolonizaciones de territorios alejados físicamente de la metrópoli, salvo en el caso de la URSS. Apenas encontramos excepciones como la de Sudán del Sur (independiente desde 2011, tras décadas de lucha armada con el norte, en una división con gran componente étnico-religioso), Eritrea (independiente desde 1993, un caso similar heredado de la mala descolonización europea), Timor Oriental (desde 2002, cuyo caso se asemeja al del Sáhara y Palestina, pues justo cuando estaban a punto de independizarse de su colonizador europeo, fueron ocupados por una tercera potencia extranjera; Indonesia, Marruecos e Israel respectivamente).
En Europa, casi todas las independencias han sido la consecuencia de la desintegración de los imperios Austrohúngaro y soviético. Sólo encontramos dos excepciones: Irlanda e Islandia. En cuanto a Irlanda, su independencia en 1921 se enmarca en la paulatina disolución del Imperio Británico (presionado además por  la lucha armada a gran escala del IRA).  El caso de Islandia (independiente de Dinamarca de facto desde 1918, cuando contaba con una población de menos de cien mil personas) es quizás el más parecido a una secesión pacífica y democrática; si bien finalmente intervinieron factores externos como la II Guerra Mundial (durante la cual Islandia fue ocupada por los británicos y Dinamarca por los nazis, por lo que se forzó, de facto, la secesión), así como lo lejano, insignificante y aislado de esta isla. Como anécdota podemos citar el caso de Groenlandia, con menos de sesenta mil habitantes, que en 2008 aprobó por referéndum un estatuto de autonomía que le concedía la mayoría de las competencias, aunque permaneciendo todavía a Dinamarca. En una situación similar se encuentran las Islas Feroe desde 1948.


3. ¿Qué dicen el derecho internacional, la Constitución, las leyes españolas?
-Derecho internacional: actualmente NO existe un derecho genérico a la secesión unilateral de una parte de un Estado con respecto al resto. En general el Derecho internacional prima el Derecho a la integridad territorial de los Estados. Lo que existe es el Derecho de autodeterminación de los pueblos [Recogido en la Carta de las Naciones Unidas (artículos 1.2 y 55) o en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1996 (artículo 1)], que puede primar sobre el de la integridad territorial sólo en unos supuestos muy tasados: dominación colonial (El territorio dominado tiene una condición jurídica distinta  y separada de la del territorio del Estado que lo administra. P.ej: El Congo), racista (Una parte de la población domina sobre la otra en base a criterios étnicos. P.ej: Sudáfrica) o extranjera (Control por una fuerza de origen externo y mediante ocupación militar. P.ej: Irlanda). Según la resolución 2625 (XXV) de las Naciones Unidas, si los derechos civiles y políticos y la no discriminación de una minoría están garantizados por el Estado en el que residan, dicha minoría a no tiene por qué tener derecho a la autodeterminación. En resumen: una región que esté plenamente integrada en un Estado plenamente democrático en el que se protejan las minorías no tiene derecho a la secesión si no es con la aceptación de dicho Estado.
-Las leyes españolas: la Constitución no prevé ningún mecanismo para la secesión de los territorios españoles, luego habría que hacer una reforma para preverlo. Esto exige una doble aprobación por mayoría de dos tercios en el Congreso y el Senado antes y después de unas elecciones generales (con la nueva composición de las Cámaras) más un referéndum (en TODO el Estado). Por otro lado, antes de esto habría que convocar un referéndum en la comunidad autónoma afectada, para lo cual SOLO es competente el gobierno central (art.2.1 Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, sobre Regulación de las Distintas Modalidades de Referéndum), cualquier otra institución no estaría legalmente capacitada para hacerlo.


4. ¿Qué resultado cabría esperar en España?
Tanto en Cataluña como en el País Vasco a día de hoy saldría que no, aunque habría un importante porcentaje de síes. En cualquier otra región con presencia de partidos nacionalistas regionales el "no" ganaría de manera abrumadora (Galicia, Canarias, Valencia y Baleares). Para ello me he basado en distintos estudios, principalmente del Centro de Investigaciones Sociológicas.

-País Vasco:
Pregunta nº8 Estudio 2667 del CIS (2007). Se pregunta qué prefiere el entrevistado (resultado en %):

Un Estado con un único Gobierno central sin autonomías2.2 
Un Estado con comunidades autónomas como en la actualidad34.8
Un Estado en el que las comunidades autónomas tenga mayor autonomía que en la actualidad32.2
Un Estado en que se reconociese a las comunidades autónomas la posibilidad de convertirse en estados independientes26.3*
*El porcentaje era del 30,8 en el Estudio 2593 (2005) y del 31,2% en el Estudio 2228 (1996).

-Navarra:

Un Estado con un único Gobierno central sin autonomías2.2
Un Estado con Comunidades Autónomas como en la actualidad49.4
Un Estado en el que las Comunidades Autónomas tengan mayor autonomía que en la actualidad28.5
Un Estado en que se reconociese a las autonomías la posibilidad de convertirse en naciones independientes13.4*

*El porcentaje era del 18% en el Estudio 2228 (1996).

-Cataluña:
Pregunta nº8 Estudio 2667 del CIS (2007). Se pregunta qué prefiere el entrevistado (resultado en %):

Un Estado con un único Gobierno central sin autonomías8.7
Un Estado con comunidades autónomas como en la actualidad29.5
Un Estado en el que las comunidades autónomas tenga mayor autonomía que en la actualidad35.1
Un Estado en que se reconociese a las comunidades autónomas la posibilidad de convertirse en estados independientes22.5
-Galicia:
Pregunta nº15 Estudio 2603 del CIS (2005). Se pregunta qué prefiere el entrevistado (resultado en %):

Un Estado con un único Gobierno central sin autonomías7.5
Un Estado con CCAA como en la actualidad51.5
Un Estado en el que las CCAA tengan mayor autonomía27.2
Un Estado en el que tengan posibilidad de ser independientes3.4*


*Este porcentaje es similar a los encontrados en otras comunidades como la Comunidad Valenciana, del 2,9%; en las Islas Baleares, del 4,6% o Canarias, del 3,8% (Estudio 2610, de 2005).

En general, en los últimos treinta años, han aumentado lentamente los números a favor de mayor descentralización (posiblemente conforme se iba comprendiendo mejor el funcionamiento de las comunidades autónomas). Sin embargo, la tendencia no permite afirmar que los favorables a la independencia puedan llegar algún día a ser mayoría. En general, la mayoría de las fluctuaciones a favor y en contra tienen más que ver con los cambios de gobiernos nacionales y autonómicos que con tendencias claras a largo plazo. Comparando con datos de 1996, País vasco y Navarra muestran una tendencia a la baja en el independentismo, Galicia es ahora más de un punto menos independentista pero varios puntos más autonomistas; Canarias es tres puntos menos independentista. (Estudio 2228). Cataluña es la única que ha aumentado algún punto en los últimos años según el CIS (hay otras fuentes que apoyan estos datos y otras que los cuestionan).


5. ¿Cuáles serían las consecuencias políticas?
-En caso de que salga que SÍ:
No es fácil de adivinar. En primer lugar, habría que reformar la Constitución con un segundo referéndum en el que el conjunto de los españoles tuvieran voto. Esto haría podría llevar a la tensa situación de un sí a la independencia en esa región y un no en el resto del Estado, paralizando legalmente el proceso. En encuestas de 2009 por Publiscopia, el 61,5% de los españoles votaría contra la independencia de una región española, aún tras una victoria del sí en un hipotético primer referéndum en dicha región. Lo cual crisparía y eventualmente movilizaría aún más a los independentistas.
En cualquier caso sería un motivo de ruptura entre los partidos políticos estatales. Se abriría una época de inestabilidad dentro de los grandes partidos a favor y en contra del proceso, hasta el punto de poder hacer caer al gobierno de turno con el voto de castigo de parte de sus propios diputados. No obstante, muy lejos queda ya el día en el que los militares eran un agente político capaz de oponerse a sus gobiernos.
Cabe preguntarse también ¿Qué ocurriría con los ciudadanos de esa región que votaron no? Probablemente el Estado español se ofreciese a mantenerles la nacionalidad, pudiendo crear una situación en la que casi la mitad de la población del nuevo Estado fuese extranjera, quedando así fuera de la vida política.
Todo esto por no hablar de las dificultades legales a nivel europeo, pues sería la primera vez que un territorio de la UE abandona la misma (aunque fuera para volver a entrar al cabo de unos años... si no hubiera veto de España, claro).
Sin embargo, la vida de los habitantes de dicha región no cambiaría sustancialmente. Las leyes aplicables y las instituciones que las aplican continuarían siendo básicamente las mismas. Poco cambiaría en una época en la que el derecho europeo ha homogeneizado en gran medida (y cada vez más) las diferencias legales entre países miembros y en la que las comunidades autónomas tienen mayores competencias que la de la mayoría de Estados federales del mundo. Aunque el Estado regulaba muchas materias, en las últimas décadas siempre ha sido la comunidad autónoma la que gestionaba su puesta en marcha, por lo que el ciudadano no notaría gran diferencia. La legislación más visible para el ciudadano: sanidad, educación, policía, lengua, medio ambiente, servicios sociales o fomento YA están transferidas a día de hoy a las CCAA. Luego es de esperar que que continuase siendo básicamente la misma.
El nuevo Estado podría controlar mejor recursos como los impuestos (que hoy en día sólo controlan en parte) y aunque ésto pudiera verse reflejado en un aumento de los ingresos (por una mayor renta per cápita), también debería hacer frente a nuevos e importantes gastos como la creación de un ejército, fuerzas especiales, una alta estructura judicial propia, una red diplomática por el mundo y un sustituto de todas las agencias, institutos y ministerios actualmente en Madrid y que habría que duplicar. Es difícil de calcular si este balance entre nuevos ingresos y nuevos gastos sería positivo o negativo. Sin embargo, el conjunto de la economía regional se vería perjudicado, teniendo en cuenta que la incertidumbre inicial, las nuevas trabas legales y la disparidad regulatoria retraerían la iniciativa privada a ambos lados de la nueva frontera (algunas empresas españolas podrían retirarse de la región mientras que algunas empresas regionales podrían perder clientes y oportunidades de negocio en España debido a la ruptura de la unidad de mercado).
En términos electorales, el PP aumentaría considerablemente su número de escaños en el Parlamento español (pues tanto Cataluña como el País Vasco son precisamente las comunidades en las que menor porcentaje de votos reciben).

-En caso de que salga que NO:
En primer lugar, los nacionalistas regionales pondrían alguna excusa técnica para invalidar la legitimidad de la consulta (por ejemplo, como dicen ahora los de Escocia, que fue convocado por el gobierno del Estado, en lugar de por el de la región). Al mismo tiempo, muchos nacionalistas españoles aprovecharían para hacer como si a partir de entonces se pudiera ignorar los sentimientos identitarios de los que hubieran votado sí. Ni tanto ni tan poco. Nadie garantiza que el sí o el no sean para siempre. Pero es obvio que desmontaría buena parte del granero de votos nacionalista, basado en una supuesta opresión centralista contra el sentir "mayoritario" de los habitantes de la región. Un independentismo que, confrontado con los resultados del referéndum, se de cuenta de que es minoritario podría reconvertirse en el medio plazo en un nacionalismo no independentista. Esto a su vez tendría el efecto secundario de frenar las peticiones de mayores transferencias competenciales hacia las comunidades autónomas como medida de presión para contentar a los independentistas.


6. Conclusiones.
Aún veo lejano el día en que un presidente del gobierno español emule la iniciativa de David Cameron. Hoy por hoy ni el PP, ni el PSOE están dispuestos... pero tanto PNV como CiU son conscientes de que les resulta más rentable electoralmente pedir el derecho de autodeterminación que conseguirlo y perder (previsiblemente) el referéndum junto con parte de sus votantes. Como persona que cree que lo importante no son los derechos de los territorios sino los de las personas, no creo que hoy por hoy una región española conseguiría nada en especial separándose del resto. La mayor repercusión sería que durante varios años en lugar de dedicarse a resolver problemas, los gobernantes se dedicarían a defender, atacar y gestionar el referéndum y sus consecuencias. ...Sin embargo, quizás no fuera mala idea plantear algunos referéndum ahora que se sabe que probablemente saldría que no, acabando con una discusión de décadas y satisfaciendo tanto a independentistas (por la posibilidad) como a no independentistas (por el resultado). Mejor que esperarse a que el discurso nacionalista invierta su tendencia a la baja y cale en mayores porcentajes de la población a través de los discursos políticos, los medios de comunicación de masas (públicos y privados), las políticas de inmersión lingüístico-culturales, el descontento económico y los libros de texto.

viernes, 1 de abril de 2011

¿No a la guerra? ...Dígaselo a Gadafi, que es un tipo razonable y lo entenderá.

ABSTRACT (RESUMEN): Finalmente el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha dado su apoyo a la "zona de exclusión aérea en Libia", para que la aviación del bando de Gadafi no pueda bombardear las poblaciones rebeldes. Sin embargo, poco tardará la fuerza internacional correspondiente (si no lo ha hecho ya) en dejar de ser neutrales y apoyar claramente a los rebeldes. En España aún ha habido opiniones en contra de nuestra participación en la operación (con buques y cazas). El lema del "no a la guerra" ha vuelto (aunque mucho más minoritariamente que con Irak) a la calle. No a la guerra... ¿seguro? 

**Antes de nada un dato: seis de cada diez españoles apoyan la participación de España en la intervención a raíz de la resolución de la ONU sobre Libia. Sólo el 22% está en contra de cualquier acción armada.**

Es cierto que los aliados están a punto de desbordar (si no lo han hecho ya) con sus acciones, favorables claramente a uno de los dos bandos, el marco legal de lo que decía la resolución del Consejo de Seguridad. Pero ¿es esto en sí mismo malo? Sé que EEUU y compañía no son precisamente el mejor país para fiarse y dejarle hacer a su aire, pero, siendo realistas, ¿no es acaso éste el mal menor en este caso?


Hemos de tener cuidado con el abuso de la llamada "Razón de Estado" y sus desmanes. Sin embargo, en casos como éste ¿realmente sería tan terrible saltarse la normativa internacional y apoyar directamente al bando de los rebeldes? No quiero que se me malinterprete: primero se ha de intentar la vía legal; pero en casos tan claros como éste, ¿por qué no tomar partido? y más cuando (a diferencia de lo de Irak) tanto una parte importante de la población del país como todos los poderes regionales (Liga árabe en su mayoría) están a favor de la ayuda militar (al menos la aérea). Es más, países de la Liga Árabe están tomando parte en las acciones militares de esta fuerza aliada internacional (coordinada en estos momentos por la OTAN).


Además, siendo la ONU un organismo no democrático... Siendo el Consejo de Seguridad (el que tiene potestad para permitir o no una intervención armada en Libia) un órgano tampoco democrático, basado en quién tiene La Bomba y en quién no... ¿realmente dejaría de ser legítima una intervención si todos los miembros del CS hubieran votado a favor de la intervención y únicamente se hubiera opuesto el veto de Rusia (a la que interesa que Libia siga mal para vender el petróleo ruso mejor)?


Muchas de las críticas que se hacen al intervencionismo son acertadas. Pero si no hubiese habido intervención hoy probablemente Gadafi habría dominado de nuevo todo el país (y el flujo de petróleo volvería a fluir sin problemas). No creo que países con intereses petroleros en Libia como Francia o Italia sean precisamente los más beneficiados de la situación actual. En realidad, apoyar a los rebeldes lo que hace es alargar el conflicto y encarecer el petróleo durante más semanas, no haberlos apoyado significaría una vuelta rápida a la normalidad (mejor para nosotros, de hecho). Por otro lado, EEUU ni siquiera tiene intereses estratégicos ni empresas petroleras en Libia. Quizás estamos tan acostumbrados al intervencionismo interesado de EEUU y compañía que no reconocemos una intervención justa cuando la vemos. ¿Por qué será que Rusia dijo primero que habría veto, alargando así las negociaciones, y finalmente permitió que hubiese intervención? ¿No será que precisamente aquí el único beneficiado es esa Rusia que se está haciendo de oro vendiendo a Europa lo que Libia temporalmente ya no exporta en combustibles?


Intervenir en Libia no ayuda a ninguno de los países que participan en la acción internacional: perdemos dinero, arriesgamos (aunque sea poco) nuestras tropas, nos exponemos a críticas y encima perdemos a un tipo que se encargaba bastante bien de contener a los terroristas y a los inmigrantes (aunque fuera de la más cruenta de las maneras). Si alguien quiere entonar el "no a la guerra" al menos que no lo justifique en supuestos intereses que nadie sabe cuáles son (¡o si los sabe que me los diga!).

Una cosa es el No a la guerra en general, como concepto. No creo que a nadie en nuestro país "le gusten" las guerras porque sí. Otra cosa es, sin embargo, el no a la guerra en el caso Libia: la guerra ya estaba antes de llegar nosotros (ni la empezamos, ni la instigamos, ni tan siquiera la preveíamos), y seguiría (con la previsible victoria de Gadafi) si nos fuésemos. Gadafi se exiliará facilmente, tuvo su oportunidad, la sigue teniendo, pero no estoy muy seguro de que vaya a usarla, no es de ese tipo de líderes (aunque ya hay algunos rumores al respecto). Su convicción en la máxima de "victoria o muerte" ha resultado hasta ahora indistinta de lo que nosotros hagamos. Aunque a Gadafi se le conoce en el mundo por su facilidad para cambiar de principios, ideología, amigos o lo que haga falta si es necesario.

Y ahora bien: ¿qué final preferimos? Si le preguntamos a un libio de Bengasi (capital provisional de los rebeldes) -a pesar de que intervenir implica que muere gente y no siempre la que se tenía previsto que muriese-, si le preguntamos a un civil de Misrata... ¿qué crees que diría? "No, venga, dejadnos, que podemos solos. Prefiero una masacre en todas las ciudades rebeldes a la posibilidad de que haya aunque sea unos pocas bajas civiles por los bombardeos erróneos de los aliados" o "Por favor, no nos dejéis solos. Sin apoyo aéreo Gadafi retomará el poder absoluto y nadie en este país volverá a estar a salvo durante décadas".

"NO a la GUERRA" ...Vale, vale, eso dígaselo a Gadafi, que seguro que con sus buenos argumentos lo convencerá usted de que deje de bombardear los pueblos rebeldes y ceda sonriente el poder absoluto.

"NO a la GUERRA" ....Vale, vale, eso explíqueselo a los rebeldes libios, que el día 17 estaban a un pelo de ser masacrados impunemente junto con la gente de sus ciudades.


Decir no a la guerra es una opción. Es sencillo: "no a la guerra". El problema es que estas palabras no son las palabras mágicas de algún tipo de hechizo. En el momento que uno las pronuncia las guerras no dejan de existir, los soldados y los civiles no dejan de morir. Uno puede elegir no empezar una guerra (de ahí el "no a la guerra" antes de la invasión de Irak), sin embargo, cuando uno es la comunidad internacional y ve cómo dos bandos se están matando entre sí (y a parte de los que no son de ningún bando)... ¿de qué sirve entonces el no a la guerra? En este caso, material y objetivamente hablando: a Gadafi.

domingo, 27 de febrero de 2011

Revoluciones árabes. 2ª parte. El papel de Occidente.

ABSTRACT (RESUMEN): ¿Está justificado apoyar a un dictador extranjero si con eso se beneficia tu país? La serie de revoluciones y protestas en países árabes de las últimas semanas nos sirven de recordatorio a nuestra propia política exterior, basada en una doble moral: apoyar  en teoría los movimentos pro-democracia; y apoyar en la práctica a los dictadores de oriente próximo con la esperanza de que su opresión incluyese a los islamistas radicales, que tanto miedo nos dan.


*Este artículo es continuación y complemento del anterior, sobre las causas de esta oleada revolucionaria:
http://politicaenlacornisa.blogspot.com/2011/02/las-revoluciones-arabes-1-parte-como.html

EEUU y Europa Occidental llevaron un doble juego durante décadas: por un lado apoyaban moralmente a los demócratas y criticaban a las dictaduras, por otro lado apoyaban a cualquier gobierno que les ayudase a frenar el avance del comunismo (y eso incluía las dictaduras árabes). Con el fin de los últimos colonialismos de Francia en África y una vez acabada la guerra fría, Occidente encontró en las dictaduras militares el aliado ideal en la lucha contra el terrorismo tipo Al-Qaeda, el nuevo enemigo. Eran regímenes que ayudaban y no ponían las pegas que hubiera puesto la opinión pública de una democracia. Sin embargo, un análisis en profundidad demuestra que gran parte de la animadversión hacia Occidente por los árabes nació, además de por el apoyo a Israel, en este apoyo a los dictadores. Este factor junto con una pobreza a la que nadie se molestó en poner remedio, han sido quizás el mayor aliciente para el radicalismo: hambre y enemigos a los que culpar; perfecto.



  • Los extremistas, las dictaduras y el pragmatismo:
Yihadismo, este es sin duda el mayor culpable del beneplácito europeo y americano para que ciertos dictadores de países musulmanes se mantengan en el poder. Tanto Ben Ali en Túnez, como Mubarak en Egipto, Sadam Hussein en su momento en Irak, Ali Abdalá Saleh en Yemen, Gaddafi en Libia, Abdelaziz Bouteflika en Argelia... eso sin tener en cuenta las todopoderosas familias reales de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, etc. Todos estos regímenes sin el menor atisbo de democracia eran vistos con buenos ojos por EEUU y la mayor parte de países de la UE ya que, a pesar de que oprimían a sus ciudadanos, de paso mantenían a raya a los islamistas radicales. A todo esto me pregunto: ¿está justificado apoyar a un dictador o hacer la vista gorda ante sus injusticias a cambio de que controle a los terroristas? Podríamos responder "¡no, la dictadura está siempre mal!" Pero la respuesta no es siempre tan fácil.

Aquí es donde debemos diferenciar entre países y países. No es lo mismo Túnez, en el que hay una oposición laica (aunque también haya una islamista), que Emiratos Árabes Unidos, donde no existe una sociedad civil educada y donde lo más organizado que hay después del Estado son las organizaciones religiosas. Además, es dudoso que el yihadismo se combata con dictaduras, ya que éste se nutre de gente pobre y desencantada con sus gobernantes. En muchos países árabes el islamismo radical es la única salida que la mayoría de la gente normal encuentra para canalizar sus protestas hacia el gobierno. No es que la población sea especialmente extremista (aunque a veces sí lo es), sino que el alto analfabetismo imposibilita una clase media informada y educada (lo cual es indispensable para un movimiento laico que separe Estado de religión).

Especialmente interesante al respecto es el siguiente comentario del historiador y escritor Anthony Pagden, entrevistado recientemente por El País:

P. ¿Cree que la idea del islam como un movimiento libertario más que como una religión podría seducir a los musulmanes más moderados para que se unan a la lucha contra Occidente?
R. "Sí. Los indicios apuntan claramente a que muchos se han visto arrastrados al islam radical, al igual que los jóvenes furiosos y marginados de Europa se vieron atraídos en los años sesenta y setenta por el marxismo, no tanto por su contenido, sobre el que sabían muy poco, al igual que la mayoría de los yihadistas musulmanes parecen conocer muy poco sobre el islam, sino porque ofrecía un medio sencillo y violento para atacar a quienes consideraban por varias razones responsables de sus penurias. Gilles Keppel, el erudito islámico de origen francés, afirma con rotundidad que Al Qaeda se parece más a las Brigadas Rojas italianas o la Baader-Meinhof alemana que a una cruzada religiosa. Y, por supuesto, como ocurría con las Brigadas Rojas y la Baader Meinhof, los yihadistas islámicos son una minoría pequeña aunque muy peligrosa cuyas creencias no reflejan las de la mayoría de los musulmanes, ya sean moderados o de otra índole."
Precisamente también en El País un artículo trataba el caso de Al Qaeda, que puede salir muy perjudicada de toda esta oleada de revueltas democráticas, pues perdería su excusa de que la única lucha posible contra los dictadores es la suya:
http://www.elpais.com/articulo/internacional/cadena/revoluciones/arrolla/Qaeda/elpepuint/20110303elpepiint_8/Tes

Una vez tenemos todo esto en mente, cabe sostener que los métodos más efectivos en la lucha contra el radicalismo religioso son: el crecimiento económico y la mejora de la educación. Sin embargo, estos deben preceder a los avances democráticos. Una democracia plena en un país analfabeto y radicalizado es una lotería que, probablemente, no duraría más allá de lo que algún grupo tardase en hacerse con el poder y perpetuarse por la fuerza en él.
No podemos ser ni ingenuos creyéndonos que sólo hay que relacionarse con las democracias, pues los ciudadanos de un país dictatorial no tienen por qué tener la culpa de su gobierno sea así. ¿Debemos negarnos a comerciar con ellos y así hundir sus economías? Si hiciéramos eso ¿quién lo pasaría peor, los dirigentes o la gente normal? ¿De qué le ha servido a Cuba que les bloqueemos durante décadas? ¿Acaso eso ha hundido el régimen? El caso de Túnez precisamente nos muestra que los países en mayor contacto con Occidente son los que más rápidamente evolucionan hacia la democracia.
Tampoco debemos hacernos los ciegos. Una cosa es comerciar con un país y otra venderle armas o negarnos a criticar sus políticas o a apoyar a su oposición. Nada de esto es fácil ni hay fórmulas mágicas. Si nosotros no vendemos armas a China, pues lo hará EEUU o Rusia o se las harán ellos solos. No vamos a cambiar nada por negarnos a vendérselas (salvo que perderemos dinero, lógicamente). Sin embargo, la cosa cambia en casos como el de Libia; pues si ahora mismo vendiésemos armas a Gadafi sabríamos a ciencia cierta que las usaría para masacrar a los opositores (y eso es imposible de justificar éticamente). Otro caso dudoso: si apoyamos a la oposición de un país quizás luego el gobierno no nos ayude a nosotros cuando de verdad lo necesitemos (lucha antiterrorista, secuestro de nuestros ciudadanos, etc.). Es muy fácil poner en el punto de mira a un gobernante que no haga lo idealmente ético. Sin embargo, cuando uno está en el gobierno debe tomar decisiones, y es nunca es fácil; es lo que llamamos "la razón de Estado". Tal es el caso del terrorismo, del que nos acordamos cuando pasa algo... pero no nos fijamos en cuando no pasa nada; es decir, cuando un inmenso aparato de inteligencia, espionaje, policía y diplomacia funcionan sin que jamás nos enteremos. Un ejemplo de un exceso de este pragmatismo es Israel y su "realismo político", el extremo del "todo vale" al que tampoco hay que llegar (véase su apoyo a Mubarak, su nula voluntad de negociar con Palestina, etc.). Cuando temes ser destruido en cualquier momento, los valores morales se los guarda uno donde no los vea.
Lo que no tiene justificación es la total cooperación que algunos políticos han tenido con estos regímenes dictatoriales (véase el polémico caso francés). La UE (tanto sus países por separado como la Unión en sí) deberían tomar consciencia de su error y ser más selectivos de ahora en adelante eligiendo socios y aliados.


Yendo a lo concreto, estas últimas semanas, viendo los precedentes de Túnez y Egipto, se podría haber sido bastante más contundente en las declaraciones y en las acciones contra Libia, Bahrein, Argelia, Yemen, etc. De hecho, la UE ya ha decretado la prohibición de venta de armas a Libia, así como la congelación provisional de los cuantiosos fondos que Gadafi y sus allegados tenían en nuestros países. Una resolución de la ONU ha denunciado la represión Libia y ha demandado acciones en la misma línea que las de la UE. A pesar de lo tardía que pueda parecer esta resolución de Naciones Unidas, en realidad se trata de un récord de rapidez en la respuesta -siempre dificultada por China y Rusia- a situaciones de genocidio (como el de Darfur) o crímenes de guerra.

  • Los deberes para Occidente:
Ahora bien, visto ya lo que se ha hecho, vayamos a lo práctico. ¿Qué debe hacer Occidente de ahora en adelante?
  • 1. Ayuda humanitaria.
Si queremos empezar a redimirnos por nuestros errores del pasado, este es el momento. Países como Libia están en plena guerra civil. Si la respuesta humanitaria (que ya se está organizando desde la UE) consigue estar a la altura de las circunstancias, quizás los árabes consigan vernos como potenciales nuevos amigos, en lugar de como "esos que tan contentos estaban con nuestro dictador".
  • 2. Asesoramiento legal y político.
Levantar una democracia desde cero no es tarea fácil, y menos en países como Libia en el que ni tan siquiera existen partidos políticos o Parlamento (en Egipto, aunque estaban reprimidos por el régimen, al menos existían). Debemos compartir con ellos nuestra experiencia y nuestros recursos institucionales. Un buen ejemplo es el de delegaciones como la de la UE que visitó recientemente Túnez con esta finalidad.
  • 3. Mayor firmeza contra las dictaduras:
Debemos replantearnos nuestra bochornosa complacencia con ciertos regímenes. La cuestión asomó la cabeza tras la incapacidad de Occidente para darse cuenta de lo que ocurría en Túnez. La UE ya ha suspendido sus negociaciones bilaterales su con el régimen libio, pero esto llega quizás más tarde de lo que podría haber llegado. Lo que sirve para Libia debería poder servir para Yemen o Argelia. Nuestra relación con los países no democráticos se ha supeditado demasiado a la economía. Sin llegar a ser ingenuos, hay que dejar de hacernos los sordos y los ciegos cuando los países democráticos nos relacionamos por el mundo. Ahora bien; ¿cómo sobreponernos a nuestros intereses comerciales a la hora de la verdad? Un artículo de Jordi Vaquer para El País sugiere una interesante reflexión:
"Cada crisis llevaría a un país distinto de la UE a titubear: así como Libia es demasiado importante para Italia, Marruecos lo es para España, Argelia para Francia, Omán para Reino Unido, Jordania para países amigos de Israel como Alemania. Solo una postura acordada previamente, activada automáticamente contra cualquier Gobierno que entre en una espiral de represión violenta, puede sacar a Europa de la vergonzosa parálisis con la que asistimos a los acontecimientos de ayer."
  • 4. Ayuda a largo plazo y mayor acercamiento político a las democracias.
La UE tiene los mecanismos y la capacidad para premiar a los países que alcancen la democracia. La figura del "Estatuto avanzado", en el marco de nuestra Política de Vecindad, es un buen ejemplo. Como ya han declarado varios dirigentes de la Unión, este es el momento de demostrar que Europa recompensa con beneficios políticos, económicos y comerciales a los pueblos que alcanzan la democracia. Le dimos con demasiada alegría este Estatuto a Marruecos y quizás debiéramos reflexionar para que estar asociado a Europa sea un privilegio de las democracias, un premio a quienes respeten los derechos humanos; y no un mero instrumento comercial.

  • 5. Replantearnos nuestra islamofobia.
Para que nuestros gobiernos puedan normalizar sus relaciones con el mundo árabe primero deben ser los ciudadanos los que cambien su mentalidad. Nuestro lógico miedo al terrorismo, a lo largo de los años se ha ido mezclando (ayudado por el desconocimiento y el alarmismo intencionado de los medios) con la xenofobia, el racismo y el rechazo a los inmigrantes... creando el venenoso cóctel de la islamofobia. Ahora podemos, de una vez por todas, acabar con ese velo de prejuicios. Ahora sabemos que la inmensa mayoría de la gente en el norte de áfrica quiere la democracia y no el sistema Irán. Ahora sabemos que el terrorismo se nutre más de la pobreza, la opresión y la ignorancia que del fervor religioso. Utilicemos este nuevo conocimiento. Utilicémoslo para que nuestros gobiernos aprendan a luchar contra el terrorismo; para que aprendan a atacarlo con el desarrollo económico, la democracia y la alfabetización; para que nunca más un Gadafi nos vuelva convencer de que él es el mal menor, porque no lo es. El peligro de que ciertos territorios caigan bajo poder de radicales existe, no es mi intención negarlo; sin embargo, debemos mirar con perspectiva qué estrategia es más útil para la imagen de Europa en el Magreb: si la de amigos del opresor, o la de amigos de la democracia.

Incluyo un fragmento de una entrevista a Rachid Ganuchi, líder del partido islámico que hay en Túnez, "En Nahda":
-¿Qué proyecto tiene En Nahda para Túnez?
-"La democracia con todo lo que eso conlleva, elecciones libres, libertad de expresión, etcétera"
-¿No es usted islamista?
-"La democracia es compatible con el islam", responde sin titubear.
-¿Acepta el estatuto de la mujer vigente en Túnez, el más avanzado del mundo árabe?
-"Lo acatamos ya en 1988".

  • ¿Y qué pasa con el resto del mundo?
Pareciera que, con la actual saturación de noticias sobre esta ola de revueltas, no hay dictaduras más allá del mundo árabe. Si estamos replanteándonos nuestra relación con las dictaduras árabes... ¿por qué no lo hacemos también con las del resto del mundo? La respuesta rápida es fácil: porque la opinión pública no ejerce la suficiente presión al respecto. Y si ahora hablamos de Egipto o de Argelia es porque los medios lo sacan (dicho sea de paso, no por un interés informativo sino por lo bien que quedan en la tele las masas de manifestantes, los coches ardiendo y las batallas policiales).*
*Sobre la falta de rigurosidad de los medios y su falseamiento de la realidad, véase mi anterior entrada:
http://politicaenlacornisa.blogspot.com/2010/12/informativos-o-la-berlusconizacion-del.html


Admitámoslo; prácticamente nadie elige su voto en base a la política exterior que defiende cada candidato. Quitando algún partido muy minoritario como PUM+J,* la política exterior no suele ser parte central de ninguna campaña electoral, salvo excepciones coyunturales como el caso de la OTAN con Felipe González o la guerra de Irak con Aznar. Además, las posiciones de la izquierda española (piénsese aquí en IU), en teoría más enfocadas a una política exterior pacifista y contraria al apoyo de dictaduras; se ve desautorizada por la doble moral que existe con países como Cuba o Venezuela. Si IU quiere representar de verdad a la izquierda pacifista, va a tener que revisar sus dogmas ideológicos sobre el comunismo en el mundo... si no quieren que los verdes acaben robándoles la bandera del pacifismo y del altermundismo. Eso si al final consiguen ponerse de acuerdo entre ellos (habrá que ver qué pasa con la llamada Equo). De entre todos los partidos que podríamos llamar socialdemócratas, sólo UPyD parece movilizarse abiertamente contra la dictadura cubana (de hecho son los únicos que tienen en la cabecera de su página web un apartado exclusivo para Cuba, así como otro para el caso del Sáhara, al que prestan especial atención). Por lo demás, la política exterior del PP de Rajoy y del PSOE de Zapatero viene a ser básicamente la misma, en gran parte condicionada por la responsabilidad y la moderación en sus posturas; característica lógica de quien opta a gobernar un país. En cuanto a los nacionalistas, suelen caracterizarse por una total indiferencia hacia este ámbito de la política.
*"Por Un Mundo Más Justo". Véase al respecto mi anterior entrada sobre partidos políticos minoritarios:
http://politicaenlacornisa.blogspot.com/2011/01/la-otra-papeleta-partidos-politicos.html


Para darnos cuenta de hasta qué punto llega la hipocresía de Occidente, veamos dos ejemplos (de tantos):
-A finales de Enero, en pleno auge de las revueltas árabes. El presidente (dictador) de Uzbekistán visitaba Europa para firmar acuerdos energéticos y estratégicos con el presidente de la OTAN (entre otros). Sólo H. Van Rompuy, presidente de la UE se negó a recibirlo.
-En el mismo momento en el que caía el régimen de Mubarak y Europa felicitaba a los egipcios por sus avances hacia la democracia, el implacable dictador-cleptócrata de Guinea Ecuatorial -Teodoro Obiang- era recibido calurosamente por las autoridades españolas durante un viaje oficial por nuestro país. La visita ha sido devuelta por Bono, el presidente del Congreso.

  • Conclusión:
Lo único que nos separa de China o de Rusia en la política internacional es que a nosotros nos importa lo que le pase a la población de los demás países. Europa es actualmente el mayor promotor de los derechos humanos en el mundo (y el único con capacidad para hacer algo al respecto). Este debe ser nuestro sello de identidad en el mundo. EEUU es el líder militar del mundo, China va camino de ser el líder económico, Japón se conoce por su tecnología y otros países tienen el petróleo. Europa tiene la posibilidad de ser el líder en derechos humanos del mundo, el adalid de la democracia, el referente para toda sociedad con ansias de libertades individuales, bienestar social y derechos políticos. No podemos permitirnos perder esta baza.
EEUU es democrático y tiene poder, pero en la lucha por los derechos humanos poco podemos esperar de un país que ni siquiera reconoce la autoridad del Tribunal Penal Internacional. Sudamérica ha avanzado muchísimo en su camino democratizador, pero no tiene poder ni coordinación para influir en el mundo, fuera de su propio ámbito regional. Japón vive y deja vivir. E India, la mayor democracia del mundo, demasiados problemas tiene para sí misma como para ponerse a pelear por los derechos de los demás pueblos del planeta.
No debemos olvidar que la Unión Europea es la única que tiene la capacidad económica, militar e institucional para sostener la lucha global por los derechos humanos y por la democracia. Hace cincuenta años del fin de los imperios coloniales. Es el momento de una política exterior valiente, que nos redima de siglos de colonialismo. Europa es el único lugar del mundo en el que la opinión pública está mayoritariamente a favor de una política exterior basada en principios y no en resultados. Las revoluciones árabes nos han enseñado que la democracia se abre paso a pesar de Occidente. Debemos y podemos cambiar el paradigma de la 'real politik'. Debemos y podemos luchar por mejorar este mundo; porque si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará.