"Cuando los ciudadanos se desentienden de la política...
...pueden llegar al poder políticos que se desentiendan de los ciudadanos".
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miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Los políticos son mediocres? ¡Pagadles más!

ABSTRACT (RESUMEN): Todo apunta a que va a haber una bajada de las pensiones de los diputados; además, quizás, de algún otro recorte a sus beneficios. Recientemente (y de vez en cuando) han salido encendidos artículos sacando a la luz sueldos de políticos. Si nos parece normal que un equipo de fútbol pague más para tener a los mejores... ¿por qué no conseguimos entender que el de diputado es un oficio y, como tal, el Estado y los partidos compiten con las empresas privadas en la pugna por llevarse a los más preparados?

Parece ser que en las últimas semanas se ha propuesto, y tiene pinta de ir a salir, una medida de reducción de las pensiones a los diputados del Congreso.
Por otro lado, el diario Público tenía hoy (9/02/2011) por titular de portada "Rajoy cobra en torno a 200.000 euros al año". Así como muy escandalizados por lo supuestamente alto de la cifra. Seguidamente toda una ristra de columnistas y artículos por todas partes diciendo que si es una vergüenza, que si con los tiempos que corren, que si con lo poco que hace. Hasta el PSOE ha ido a ver que saca hurgando con un vídeo (una chorrada la verdad) que se hace eco de la noticia.

Vayamos por partes. 
  • Lo del sueldo de Rajoy: Si Rajoy fuese a por el dinero o bien se saldría al sector privado donde le pagarían el doble (como mínimo), o bien se volvería a su antiguo trabajo de registrador de la propiedad donde le pagarían lo mismo y sin tanto trabajo (lo cual puede hacer en cualquier momento porque es funcionario y la plaza se le guarda). Aclarado ya que Rajoy pierde dinero quedándose en la política (como no todos pero sí la mayoría de los altos cargos y dirigentes de los partidos), continuemos con los demás políticos.
  • Orígenes del sueldo de los políticos: Ante esto hay dos concepciones ideológicas que tuvieron su primer debate durante la Revolución Francesa:
  1. Los políticos deben ejercer como tales por vocación. A la política se va por el noble espíritu de colaborar en el bien común, ya cómo uno pague sus facturas es algo personal.
  2. Los políticos deben cobrar un sueldo por sus funciones. Esta es la idea que acabó ganando aquel debate. De hecho la remuneración de los diputados es un logro revolucionario y progresista, ¿por qué? Pues porque así se evitaba que sólo los grandes propietarios accediesen a la política. Al pagar un sueldo a cada diputado se garantizaba que cualquiera podía dedicarse a ello, incluidos los trabajadores o los pobres, ya que no dependían de tener una gran fortuna con la que vivir mientras se dedicaban a la política.
    • Las pensiones y demás ventajas económicas de los diputados y cargos públicos:
    Aquí estoy en parte de acuerdo y en parte en contra. Pero antes de nada un dato:
    "Según una carta que José Bono envió a todos los diputados en febrero de 2010, desde 1977 ha habido 3.609 parlamentarios de los que solamente 70 tienen reconocido el complemento de pensión con una aportación media de las Cortes de 1.066 euros mensuales."


    Una vez dicho esto, en primer lugar, el seguir cobrando parte del sueldo durante unos meses tras dejar el cargo, y luego las pensiones vitalicias para los que dejan los puestos más altos sirven:

    -Como incentivo para presentarse a las elecciones (si el día después de dejar el cargo sabes que te verás en la calle no es lo mismo que si tienes unos meses para ir buscándote trabajo después de tanto tiempo fuera de tu sector laboral originario). Cuanta más gente se presenta y más candidatos hay para elegir, mejor ¿no?
    -Para reducir el caciquismo. La idea es sencilla, si un político teme por su futuro económico tras dejar la política se agarrará al sillón con las fuerzas que da el miedo. Los sueldos tras dejar el cargo posibilitan la renovación de élites y la llegada periódica de aire fresco a los partidos.
    -Para evitar o reducir la corrupción. Si un político teme por su futuro económico y el de su familia es más fácil que acepte sobornos que si tiene su situación financiera resuelta (o si la tiene resuelta durante al menos un tiempo). Esto es especialmente importante en cargos como los ministros o los presidentes de gobierno. 
    Una gente que lo sabe todo de los entresijos del Estado, que sabe los secretos de las cuentas y los intereses del país, que tiene información privilegiada por razón de su cargo... alguien así no debería tener que volver a trabajar en el sector privado, pues eso sería desde peligroso (por razones de la seguridad nacional que protegen los secretos de Estado) hasta ilegal (por utilizar sus conocimientos privilegiados para beneficiar a la empresa que más le pague).

    Es por este último punto que creo que el sueldo vitalicio (o las pagas extras) deben ir acompañadas de una imposibilidad TOTAL para trabajar en el sector privado, excluyendo la labor de partido, por la que cada partido es libre de pagar lo que le apetezca (no encuentro sentido a por qué tantos ríos de tinta pidiendo que los partidos revelen cuánto pagan a sus asalariados, ¿es su dinero, no? Si le debe interesar eso a alguien será a los afiliados en todo caso); y excluyendo también ámbitos académicos como la universidad, la investigación o la escritura (donde no habría ningún problema en que se pusiesen a trabajar, sin duda encontrando rápidamente trabajo). Actualmente me parece vergonzoso no que Felipe González y J.M. Aznar cobren sueldos vitalicios, eso me parece lo más lógico; lo que me parece increíble es que la ley les permita trabajar para empresas privadas que les pagan un pastón por hacerles de asesores en sus relaciones con el sector público. Eso es lo que hay que cambiar y endurecer, el llamado "régimen de incompatibilidades"; no los sueldos ni las pensiones (que se podría pensar hasta en subir). Hay que evitar a toda costa la posibilidad de que un día le llegue un empresario a un ministro/presidente/europarlamentario/etc. y le diga "ahora por ley no te puedo pagar pero, si ahora me haces este favor, cuando te retires de la política te prometo un puesto en mi empresa cobrando una pasta".

    Para hacernos una idea de cómo llevan lo de las "incompatibilidades" en el Congreso:
    "Hace ahora algo menos de dos años, EL PAÍS publicó que casi las tres cuartas partes de los diputados (250 sobre un total de 350) cobraban dinero al margen de su retribución del Congreso (consulta la lista actualizada en la web del Congreso). Según un informe realizado con las propias declaraciones de los políticos, 214 de los 250 diputados pluriempleados tenían ingresos del sector privado. El resto, actividades públicas remuneradas. Otros 16 declararon actividades sin remuneración. Solo 84 diputados tienen dedicación exclusiva, o al menos no han comunicado a la Cámara ninguna actividad."
    • ¿A los políticos se les paga poco o mucho? Hombre, pues eso depende de qué queramos de ellos.
    Según la ley de la oferta y la demanda, cuanto más se pague más gente querrá ser político; con lo cuál gente bien preparada, que actualmente está en la empresa privada porque le pagan mucho más, quizás se plantee presentarse a algún cargo electo. La administación pública es una opción laboral más, si pagan más van los mejores, si pagan menos los mejores se van a donde pagan más. Los habrá que acepten cobrar algo menos por aquello de que es servicio público y tal; pero ¿cuánto menos?
    Sin embargo, pongamos que una mente brillante con la mejor formación y la mejor honradez acaba sus estudios y sale al mercado laboral: en una empresa, como es el mejor, le pagan de entrada 10.000 euros al mes. En la política o la administración le pagan de entrada de 1000 a 3000 euros al mes según el cargo (por poner un ejemplo, no estoy pensando en ningún puesto concreto ahora mismo). ¡Si al menos tuviésemos el sistema francés, por el que los altos cargos son casi siempre elegidos por los partidos de entre los alumnos de Ciencia Política las "Grandes Écoles"! (universidades de élite) Al menos entonces sabríamos que, cobrasen mucho o poco, los que se metiesen a la política de alto nivel no serían otros que aquellos con la mejor formación.
    Y luego nos sorprende que los políticos sean gente de bajo perfil. A ver, que uno puede tener buena voluntad pero no es tonto.

    Esta situación me recuerda a un capítulo de la serie "El ala oeste de la Casa Blanca" (mi serie favorita, que recomiendo a todo aquel que, además de entretenerse con una trama que engancha, quiera ver cómo funciona un gobierno desde dentro).
    *Ficha en filmaffinity (por favor, leed lo que dicen en la crítica).
    *Ficha en imbd.
    *Según Wikipedia: "La serie recibió una valoración muy positiva de críticos, profesores de ciencias políticas, y antiguos empleados de la Casa Blanca. En total, El ala oeste de la Casa Blanca ganó tres Globos de Oro y 26 Premios Emmy, empatando con Hill Street Blues como la mayor ganadora de la historia de los premios Emmy."


    La escena en sí (T7,C19) es la siguiente. Josh Lyman, hombre de confianza del presidente de los EEUU,  es el encargado de reclutar el que será el nuevo equipo personal de trabajo del presidente. Josh va a ver a Sam Seaborn para ofrecerle un puesto en ese equipo. Sam se había salido a trabajar al sector privado voluntariamente después de haber formado parte de ese gabinete anteriormente. Sam es un profesional de la comunicación política, es muy inteligente y tiene la mejor preparación en las mejores universidades de EEUU. Es el mejor para trabajar para ese puesto y por eso Josh va a buscarlo para convencerle de que se una al gabinete presidencial. La conversación es la siguiente:
    <<JOSH: -Sabías que vendría.
    SAM: -Me has dado tiempo para preparar cómo rechazarte.
    -(...) Este tipo (el presidente) tiene sustancia. (...) Dime que no lo echas de menos (la política).
    -No lo hago.
    -Mentiroso.
    -Soy abogado. (...) ¿Sabes cuánto gano ahora?
    -Me dará náuseas.
    -De náuseas nada. Te hará vomitar.
    -Pues podrás volver a Washington por un sueldo de funcionario. -Concluye irónico Josh.>>

    • Finalmente, veamos unos pocos números orientativos:
    -Sueldo de Presidente del Gobierno, el tipo que decide el rumbo del país: 89.303 € anuales.*
    *Cifra superada por los salarios de los presidentes del Congreso y de la Comunidad Autónoma de Cataluña, así como el del alcalde de Madrid. Para ver otros sueldos de alcaldes y presidentes autonómicos, pínchese este enlace.
    -Sueldo de Presidente del BBVA, el tipo que decide el rumbo de un banco: 4,97 millones de euros anuales.

    -Sueldo de un Diputado (Congreso), que deben crear y elegir las leyes que nos rigen a todos: 2.813 €/mes*
    *Más 150€ para gastos de viaje al extranjero y 120€ para gastos de viaje por España.
    *Más un plus por tener funciones específicas extra dentro del Parlamento: (Ver enlace oficial) (Curiosamente la cuantía ha bajado en 2010, como podemos ver en este artículo anterior a la bajada)
    -Sueldo de un miembro del Consejo de Administración del BBVA, que deciden sobre los asuntos más importantes del banco: 110.000 €/mes*
    *Más un plus por tener funciones específicas extra dentro del Consejo.

    -Pensión vitalicia de un ex-Presidente del Gobierno (los tipos que saben todos los secretos de Estado): 80.000 € al año (y mira que esto ha llenado titulares y ha hecho correr ríos de tinta).
    -Pensión de Francisco González, ex-Presidente del BBVA: 79,7 millones de euros (en total). 

    *Un buen artículo de El Economista al respecto de todo esto (aunque no está actualizado, pero es orientativo): 
    • Conclusión:
    Espero haber contribuido a despejar un poco del populismo y los simplismos que inundan el debate entorno a los sueldos de los políticos. Podemos elegir pagarles menos, por poder se podría hacer. Pero ¿qué preferimos? ¿A los mejores dirigiendo el país con los mejores sueldos? ¿O a unos que, "bueno no son tan geniales pero al menos nos salen más baratos"? No he querido negar con este artículo el indudable compromiso y verdadera vocación que motiva la entrada en política de un gran número de políticos (y, por raro que nos suene, probablemente de la mayoría). Sin embargo, con honrosas excepciones, la voluntad de contribuir al bien común tiene límites.
    Valga como último ejemplo (fíjesen más en las proporciones que en las cantidades): Podemos elegir cobrar 15.000 al mes en vez de 20.000 si el primer trabajo nos motiva más. Pero ¿rechazarían ustedes los 20.000 euros al mes a cambio de entre 1500 y 3500 ocupando un cargo público? Piénsenselo un momento antes de responder.

    sábado, 18 de diciembre de 2010

    Leyendo entre líneas. O La cara oculta de las encuestas del CIS.

    ABSTRACT (RESUMEN): Este artículo trata de sacar una parte de las encuestas que nadie suele comentar: cuando los resultados obtenidos son directamente absurdos. Tomaré la última encuesta general del CIS como ejemplo de la precaución con la que deben tomarse las encuestas. A través de curiosos ejemplos (que andan entre lo divertido y lo preocupante) mostraré cómo muchas veces los encuestados opinan de temas que ignoran por completo, lo cual se refleja en contradicciones y en respuestas ilógicas. Terminaré con una reflexión general sobre el valor de la opinión pública.

    Todos estamos acostumbrados a oír hablar de encuestas, de porcentajes de apoyo a tal o cual propuesta, de puntuaciones y valoraciones a tal o cual político, pero... ¿Cuál es la fiabilidad de esos datos? Ya no se trata únicamente del modo de obtenerlos sino, una vez obtenidos de forma lo más científica posible ¿cuánta importancia debemos darle a estos tanteadores de la opinión pública?

    Antes de nada, he de decir que en este artículo me centraré en encuestas del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), las cuales suelen estar hechas de manera bastante profesional (aunque nadie es perfecto en el mundo de la estadística). Obviamente no entraré ya a criticar la fiabilidad de encuestas como las de ciertos medios de comunicación que manipulan el procedimiento para obtener la respuesta que ellos quieren. Un ejemplo de esto último sería el preseleccionar la muestra (gente a la que se encuesta) entre población afín a ciertas ideas. Por ejemplo, si preguntamos en el barrio de Salamanca o en Lavapiés no obtendremos las mismas respuestas, como igualmente será parcial la encuesta que se haga sólo a ciertas horas del día (en las que, por ejemplo, sólo están en casa ancianos y amas de casa) o la encuesta que se haga a demasiada poca gente (a unos pocos cientos para toda España, por ejemplo, como es muy frecuente en ciertos medios). Ya ni hablar de las encuestas por internet, paradigama de la nula fiabilidad (yo puedo votar tres veces si lo hago desde tres ordenadores). A nadie sorprenderá que las respuestas (a una misma pregunta) en la página de Público y en la de Intereconomía no van a ser las mismas (pues el tipo de gente que se mete en una u otra página ya es un filtro que imposibilita que los resultados representen a la población en su conjunto).

    Dicho esto a modo de introducción, centrémonos ya en la última encuesta generalista del CIS: Estudio 2853 de Noviembre de 2010 (sobre unas 2500 personas de toda España y de distintas edades y géneros).
    Empecemos con un ejemplo: los resultados de las preguntas número 23 y 24, que dicen así:


    ¿Han notado algo raro? ¿No? Ahora fíjense en los porcentajes: Hay un 39.3% de gente que no conoce las funciones del Defensor del Pueblo... lo lógico sería que el porcentaje que no contestase (NC) a la pregunta número 24 fuese igual o superior... ¡pero no! Curiosamente sólo un 12.8% decide no contestar. ¿Conclusión? Hay un 26.5% de entrevistados que reconoce no tener ni idea de qué hace el Defensor del Pueblo pero aún así opina sobre si es útil o no. (Ole)
    ¿Es culpa de la gente el opinar de lo que no sabe, o del encuestador por no filtrar las respuestas y darse cuenta de esta incongruencia antes de publicar los resultados?

    Hablemos ahora del Tribunal Constitucional:


    Curioso cuanto menos es el dato de que, haciendo la resta, hay un 11.9% que opina sobre si el TC hace bien o no su trabajo; reconociendo, al mismo tiempo, que no conoce sus funciones. En la misma línea, hay un 26.5% de gente que responde sobre si el TC es útil o no; reconociendo, al mismo tiempo, que no sabe para qué sirve está institución.

    Veamos otro ejemplo. Ahora sobre la percepción que la gente tiene sobre sus propios conocimientos:



    Si las personas encuestadas son al azar... ¿no les resulta curioso que en general todo el mundo se considere mejor informado que la media? Es decir, los entrevistados creen que hay un 71.6% de la gente que conoce muy poco o nada la Constitución... pero sólo el 57,5% reconoce saber tan poco. En la misma línea, un 24.5% cree que "los demás" conocen algo la Constitución, pero si le preguntamos al encuestado por sí mismo el 41.9% afirma conocerla algo o muy bien. ¿Casualidad o exceso de autoestima? ¿Resulta ahora que justo la gente a la que han ido a preguntar está más informada que la media?

    El siguiente es un caso que en sí mismo parece poco relevante, a penas una anécdota, pero que no deja de hacer que me pregunte sobre él una y otra vez.


    ¿¡Cómo puede haber un 0,7% de gente que NO SE ACUERDA si votó en las últimas elecciones generales!? He hecho la cuenta, el 0,7% de 2469 es unas 17 personas. 17 personas que fíjense ustedes si se tomaron en serio su voto, si estaban informados sobre las opciones políticas y si dedicaron algún tiempo a pensar sobre las elecciones que NI SIQUIERA se acuerdan de si fueron a votar. No me sirve la excusa de "es que hay muchas elecciones distintas", si aún no se acordasen de las últimas autonómicas... pero es que la pregunta es sobre las generales. En serio, cada vez que veo la pregunta nº27 me surgen dudas sobre la capacidad y la voluntad de la ciertas personas con respecto al derecho al voto. (Todo sea dicho, obviamente no voy a defender el que este derecho sea limitado, no me malinterpreten, simplemente pongo el énfasis sobre ciertas realidades que señalan los puntos débiles de la democracia; hasta nuestros días, sin embargo, el mejor sistema político que ha existido en la Historia de la humanidad).



    Y sigamos avanzando en la encuesta. Ahora hablemos de reforma constitucional:




    La flecha indica que la "pregunta 10a" sólo se planteó a quienes opinaron que SÍ que habría que reformar la constitución. Cuál sería mi sorpresa cuando me encuentro con ese (ni más ni menos que) 22.9% que están convencidos de que hay que reformar la constitución... sólo que no saben el qué. Qué fácil es quejarse de que las cosas van mal, sin decir luego qué es lo que habría que cambiar para mejorarlo. Esto me recuerda a unas encuestas que leí sobre la ley penal: cuando a la gente se le pregunta si habría que subir las penas de prisión a tal o cual delito la mayoría dice que sí... Pero después se les pregunta si saben de cuánto es la pena para ese delito y responden que no la saben. Es decir, la entrevista sería algo así como:
    -¿Cree usted que las penas deberían ser de más años para el delito X?
    -Sí.
    -¿Sabe usted cuál es más o menos la pena que se impone actualmente por el delito X?
    -No (¡pero que la suban!).

    A continuación, analicemos cómo ven los ciudadanos el poder:



    Los resultados son interesantes por sí mismos: empresas y bancos (con un 46.7% conjunto) tienen, según los entrevistados, más poder que el Gobierno, el Parlamento, los partidos políticos y el Ejército juntos (37.5% agregado). Pero no era esto lo que quería resaltar en este artículo, sino que hay un 2.1% de la gente que cree que los sindicatos son el colectivo con MÁS poder de toda España. No se trata de que digan que tienen bastante poder o que digan que deberían tener mucho poder... un 2.1% considera que no hay una institución en España más poderosa actualmente que los sindicatos. En fin, queda constatado el nivel de comprensión de la actualidad y de información sobre el panorama político de un porcentaje de la población. Esto queda reafirmado con la extraña respuesta que se obtuvo en la pregunta 20:




    Porcentaje a remarcar: un 3.1% considera que los partidos políticos no son necesarios para que exista democracia. A mí que me lo expliquen ¿Cómo puede haber democracia en un país de 47 millones de habitantes sin que existan partidos políticos que canalicen las distintas peticiones y tendencias políticas? Incluso en EEUU, donde los partidos sólo tienen peso durante las campañas, no hay elecciones nacionales sin ellos. Únicamente en el ámbito local se han presentado candidatos individualmente sin un partido detrás, o con un partido creado expresamente para apoyarle sólo a él... y todos conocemos los resultados de inventos como el de un tal Gil. Esto no es casual, pues sin un partido de verdad detrás, sólo los ricos pueden costearse una campaña electoral con sus propios fondos.




    Después de analizar estos datos, en los que no se suele fijar nunca nadie (y menos los medios de comunicación que se hacen eco de las encuestas del CIS), cabe plantearnos algunas preguntas: ¿hasta qué punto son fiables unas encuestas en las que parte de la gente reconoce, implícitamente, o bien que miente o bien que su opinión está hecha prácticamente al azar? ¿Peligran las democracias ante el hecho de que ciertos porcentajes de la población basan su opinión en meras intuiciones y no en argumentos sólidos? ¿Qué respuesta ha de darse a aquellos que critican el sistema pero que tampoco saben muy bien qué es exactamente lo que no les gusta? ¿Cómo se canalizan y qué valor tienen las protestas cuando parte de quienes las secundan ni siquiera las comprenden muy bien?
    Sólo soy capaz de sacar una conclusión en claro de todas estas incógnitas: hace falta más formación política, más educación sobre cómo funciona nuestro sistema (no sé muy bien si en la familia, en los colegios o en los medios). Sólo con una ciudadanía informada y participativa es posible una democracia óptima (idea típicamente republicanista); pero para que la gente esté informada, primero tiene que querer informarse...



    Hasta aquí los síntomas, los datos objetivos que se pueden analizar con una calculadora en la mano... pero ¿qué significan? ¿A qué se deben? Cuando profundizamos en la búsqueda de una explicación acabamos llegando ante el eterno dilema de los ideales republicanistas (como ideología que apoya la mayor participación ciudadana, no confundir con republicanismo en oposición a las monarquías). El problema es el siguiente: cualquiera puede estar informado, pero eso cuesta tiempo, cuesta tiempo que podríamos emplear en otras cosas (es la teoría del "coste de oportunidad") ; y elegiremos dedicar o no parte de él a los asuntos públicos dependiendo de nuestros valores morales, nuestros gustos personales o nuestra "virtud cívica". Como resultado, la mayoría de la gente suele preferir guiarse por impulsos, emociones, ideas preconcebidas o aquella información que obtienen prácticamente sin hacer ningún esfuerzo (como las noticias de la televisión, con más parte de entretenimiento que otra cosa). No se trata tanto de una situación dada por la sociedad como de una opción personal, una elección voluntaria de cada uno.
    Esto, independientemente de que sea bueno o malo, es también, en cierto modo, parte de la condición humana: las emociones ganan a los razonamientos a la hora de tomar la mayoría de las decisiones. No hay más que analizar una campaña electoral para darnos cuenta de que a lo que se apela es a los sentimientos, a la imagen y a las ideas simplificadas de los eslóganes de campaña o los debates televisados (que en su última edición, la Zapatero-Rajoy, parecieron más una sucesión de monólogos que un debate de verdad).
    ¿Es culpa de los partidos políticos esta simplificación del debate público? ¿O es más bien la sociedad la que recompensa este tipo de mensajes emocionales, obligando a los partidos a adaptarse a ellos para poder sobrevivir? Vista cuál es la situación real, la cruda realidad, no podemos sino concluir que es labor de los profesionales de la política el buscarse las castañas para hacer llegar su mensaje a los electores. El mensaje político debe tener fondo, ser claro y sencillo, ser razonable pero al mismo tiempo capaz de llegar a las emociones. Esto no es fácil, desde luego, pero es lo que hay. Cuanto mayor sea la comodidad del ciudadano, más se obligará a los políticos a comprimir sus mensajes (lo que erróneamente muchos de ellos confunden con simplificar sus mensajes), así como a utilizar el espacio que tengan en los medios para lanzar un debate de imágenes y emociones en lugar de un debate de propuestas e ideas concretas. El político ideal debería ser capaz de dominar ambas vertientes del debate. La cuestión es: si, llegado el caso, hubiera que elegir uno, ¿ustedes... con quién se quedarían? Sean sinceros: ¿a quién votarán: al que les razone sus propuestas o al que les emocione?