"Cuando los ciudadanos se desentienden de la política...
...pueden llegar al poder políticos que se desentiendan de los ciudadanos".
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domingo, 20 de mayo de 2012

Cuidado con los eurófobos que van de salvadores.


ABSTRACT (RESUMEN): Últimamente circula por la web un vídeo de un europarlamentario euroescéptico que en un supuesto alarde de sinceridad arremete contra todo lo habido y por haber en la Unión Europea. Pues bien, lejos de deslumbrado por su (muy buena) oratoria, quisiera desmontar, punto por punto; por qué lo califico abiertamente de demagogia. Juzguen ustedes.



Nigel Farage es un político británico. Lidera el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), partido político de derechas, nacionalista y anti-europeo (está en el eurogrupo parlamentario EFD, junto con la extrema derecha italiana [Liga Norte], la finlandesa [Los Verdaderos Finlandeses] y algunas más) con representación institucional, sobre todo en el Parlamento Europeo, que aboga por la separación del Reino Unido de la Unión Europea.

DEMAGOGIA. Ese es el comentario que me merece esta intervención. Por las siguientes razones:

1. En primer lugar este eurodiputado no dice lo que dice por casualidad o por "un alarde de sinceridad". Sino que suelta todo el discurso eurófobo que su partido viene defendiendo desde su fundación. Es un discurso muy viejo y bien preparado para captar votos para su partido. De esponteneidad nada.

2. La hipocresía es ya importante cuando critica a la Unión Europea por no reaccionar a la crisis rápidamente. Cuando no lo ha hecho básicamente porque los euroescépticos se han negado una y otra vez a ceder más competencias al Parlamento y a la Comisión europeos. Piden apagar los fuegos pero se niegan a dar al bombero la manguera. 

3. Y su brillante oratoria casi me convence de sus críticas al nivel de democracia de la UE si no fuera porque la única razón por la que el Presidente de la UE no es elegido directamente por los ciudadanos es porque ESTE Eurodiputado y todos los demás eurófobos lo han impedido (frente a los diputados federalistas europeístas que lo piden desde hace tiempo). Vota en contra de que los ciudadanos tengan poder de voto directo (y no indirecto a través de gobiernos nacionales y europarlamentarios como ahora) para nombrar al Presidente europeo y luego le critica por no serlo por elección directa.

4. Se apropia de la verdad absoluta en momentos en los que da su opinión (ideológicamente orientada) como cuando suelta lo de "cualquier persona objetiva dirá que el euro es un fracaso"; cuando en realidad lleva siendo un éxito hasta hace dos años (en los que ha entrado en problemas por la falta de respuestas ante los especuladores, pero no por tener mayores problemas propios que el dólar, que viene de un país con mayor déficit que la media europea). Eso sin contar el logro que supone para la mobilidad entre países para ciudadanos y empresas.

5. Ni que decir tiene el populismo de cara a sus votantes británicos del "fantasma del imperialismo alemán", haciendo como que los alemanes poco menos que van a imponer a los niños británicos estudiar en alemán en las escuelas y comer salchichas de Frankfurt. El colmo ya es cuando habla de la "sangre que se derramó para evitar el dominio alemán de Europa". Pues bien, en realidad fue sangre que se derramó por culpa de los nacionalismos, contra los que Europa se creó. La Unión no es contra Alemania, ni contra Francia, (ni siquiera contra el Reino Unido,) sino contra el "sálvese quien pueda" de los nacionalismos antagónicos.

6. Se le olvida comentar que los gobiernos de Papandreu y Berlusconi cayeron porque SUS parlamentos nacionales les retiraron la confianza (A Berlusconi en concreto quien le hizo caer fue la Liga Norte, por cierto, socios de grupo parlamentario de este señor del vídeo). No porque un señor muy malo de Bruselas decidió jugar al Padrino versión europea.

7. La simplificación (para mí insultante) a la que reduce todo dice mucho sobre el trasfondo intelectual de su programa político: "ellos son los villanos", "nosotros somos los ciudadanos objetivos", etc.


Casi cuela. Una lástima que tenga los conocimientos suficientes sobre el funcionamiento legal y político de la Unión Europea como para saber que la mayoría de las cosas que los euroescépticos critican de ella son consecuencia de que ellos mismos se oponen a darle al Parlamento Europeo las competencias para resolverlas. Una jugada redonda, vaya.

martes, 31 de enero de 2012

Referendums de independencia. ¿Escocia como un modelo para España?

ABSTRACT (RESUMEN): El Primer Ministro británico, David Cameron, ha comenzado el año con un anuncio bomba: se va a convocar un referéndum para sobre la independencia de Escocia. Así de sencillo. Una votación. Sale que sí o sale que no. Y fin de la historia. Las reacciones en España no se han hecho esperar. ¿Es aplicable esa idea a España? ¿Es legalmente posible? ¿Es políticamente deseable? ¿Qué podría ocurrir aquí si siguiéramos el ejemplo británico?

1. El caso escocés.
Cameron ha sorprendido a ingleses, escoceses y al resto del mundo con su anuncio. No lo ha hecho "a cambio" de ningún favor político de los nacionalistas escoceses, no lo ha hecho ante ningún clamor popular independentista (encuestas recientes cifran el apoyo a la independencia entorno al 16% de los escoceses; con un 38% de indecisos, eso sí), ni tampoco lo ha hecho por convicciones morales o históricas. Cameron, simplemente, ha sido pragmático.
En primer lugar sabe que lo más probable es que salga que no a la independencia. Así podrá tener un argumento demoledor contra el Partido Nacionalista Escocés, que pide cada vez más autonomía política para esta región. Se rompería el "círculo vicioso del regionalismo", por el cual si el poder estatal le cede más competencias a la región acrecienta el poder nacionalista, por lo que consigue más instrumentos para ganar votos, y si no lo hace los nacionalistas lo utilizan como argumento para denunciar la "opresión centralista", por lo que también ganan votos.
Por supuesto, en estas consideraciones nunca debemos menospreciar el aspecto "cortina de humo" del asunto. Sin duda a Cameron le vendrá muy bien que durante una temporada la gente hable de otra cosa que no sean sus recortes sociales.
En el muy improbable (pero no imposible) caso de que salga que sí en el referéndum, tampoco sería una catástrofe para el Reino Unido (más allá de que quizás dejase de tener sentido su propio nombre). Escocia es una de las regiones menos ricas del país, por lo que su secesión haría subir el PIB per cápita del R.U. Como guinda del pastel, hay que decir que en Escocia el partido conservador (el del actual primer ministro) es precisamente donde menos votos obtiene [véase en azul en el mapa], luego su independencia tendría la consecuencia colateral de aumentar el porcentaje de escaños de los conservadores.
Así, aunque hiera los sentimientos patrióticos de los británicos más acérrimos, en términos estratégicos a corto plazo al gobierno actual le vendría hasta bien la secesión. Sin embargo, el principal objetivo del referéndum es dejar sin discurso a los nacionalistas escoceses, parando así en seco sus continuas reclamaciones competenciales.
Como contexto, es interesante saber que estas competencias apenas llevan transferidas desde 1998, año en el que Toni Blair creó el actual modelo de descentralización. En 1997, un referéndum apoyó la creación del Parlamento Escocés, por lo que fue incluido en la Ley de Escocia de 1998, comenzando sus sesiones al año siguiente.
Actualmente, a falta de que el anuncio se concrete en una convocatoria concreta, las mayores discrepancias se hayan entre el gobierno central británico y el gobierno regional (del Partido Nacionalista Escocés) por el quién debe convocar la fecha de la consulta y quién debe redactar la pregunta. Todo apunta a que ésta se hará en el momento y con las palabras que prefiera Cameron. Es decir, a principios de 2014 y con una pregunta muy sencilla de independencia sí o indendencia no. El PNE por su parte prefería retrasar el referéndum un poco para hacerlo coincidir con cierta fecha conmemorativa de gran simbolismo para el nacionalismo escocés, así como introducir (ante la previsible victoria del no) una tercera opción que contemplase la permanencia en el Reino Unido pero con mayores competencias para Escocia.



2. Precedentes: en especial, Quebec 1980/1995.
En todo el mundo democrático occidental sólo hay un precedente que podríamos encontrar aplicable a esta situación más allá del escocés, el de Canadá y su región: Quebec. Esta región organizó dos referéndums sobre su independencia en 1980 y 1995, ganando la respuesta negativa por un 59,6% y un 50,4% respectivamente. Según las encuestas poco menos de la mitad de los quebequeses sigue deseando constituirse en estado independiente. La región continúa como una autonomía dentro de Canadá pero con importantes competencias y un papel importante de los nacionalistas en la vida política. No obstante, lo cercano de los porcentajes creó gran polémica por cuestiones técnicas y abrió un posterior debate (que culminó en 1999 en ley) sobre si un simple 51% de los votos debía bastar para proclamar la independencia en el caso de hipotéticas futuras consultas.
Esta región, francófona y católica, había sido históricamente algo distinta del resto de Canadá, anglófono y protestante. Es de remarcar que la mayoría de la población habla solo una lengua, menos de un 1% se declara bilingüe en cuanto a su lengua materna y  solo tres de los más de siete millones de habitantes habla las dos lenguas (aunque no al mismo nivel). Esto supone una situación que podríamos asimilar a la de Bélgica pero no a la de España, donde no hay diferencias religiosas sustanciales y casi la totalidad de la población habla castellano con independencia de que, además, conozca otra lengua. Sin embargo, la ideología detrás del independentismo es políticamente similar a las que podemos encontrar en Cataluña.
En noviembre de 2006 el parlamento canadiense, con el apoyo del partido en el gobierno, reconoció a los quebequeses como nación dentro de un Canadá unido en un intento de aplacar los deseos secesionistas de los partidos independentistas, aunque en sentido cultural y social, no legal. Esto es un concepto legalmente muy similar al concepto de "nacional" establecido en el actual Estatut de Catalunya, que el Tribunal Constitucional sentenció que se ha de interpretar como una apelación al término "nacionalidad" y no al de  "nación soberana depositaria de derechos políticos". Es decir, más un símbolo identitario que una declaración político-jurídica.
Canadá ha sido un ejemplo de cómo el referéndum secesionista puede abordarse sin mayores traumas que la habitual competición política. Y que es más fácil convencer a alguien de quedarse en un país si se le permite elegirlo que si se le niega la opción. No obstante, toda comparación ha de cogerse con pinzas, pues tampoco podemos permitirnos aplicar a la bicentenaria nación española los esquemas de un país que a principios del siglo XX ni siquiera existía.

-¿Existe algún precedente de secesión democrática aplicable para España?:
No existe, a día de hoy, un solo país que haya pedido y alcanzado la secesión fuera de tres supuestos muy concretos: descolonización, conflictos étnico-religiosos y fin de imperios. Y animo al lector a que encuentre una sola excepción a esta regla. Es decir: NO hay precedentes de ninguna región en un país democrático que haya querido (mayoritariamente por referéndum) la secesión del estado al que pertenecía; salvo, quizás, el particular caso islandés, que veremos a continuación.
En la mayoría de los casos que han visto los siglos XX y XXI se trata de descolonizaciones de territorios alejados físicamente de la metrópoli, salvo en el caso de la URSS. Apenas encontramos excepciones como la de Sudán del Sur (independiente desde 2011, tras décadas de lucha armada con el norte, en una división con gran componente étnico-religioso), Eritrea (independiente desde 1993, un caso similar heredado de la mala descolonización europea), Timor Oriental (desde 2002, cuyo caso se asemeja al del Sáhara y Palestina, pues justo cuando estaban a punto de independizarse de su colonizador europeo, fueron ocupados por una tercera potencia extranjera; Indonesia, Marruecos e Israel respectivamente).
En Europa, casi todas las independencias han sido la consecuencia de la desintegración de los imperios Austrohúngaro y soviético. Sólo encontramos dos excepciones: Irlanda e Islandia. En cuanto a Irlanda, su independencia en 1921 se enmarca en la paulatina disolución del Imperio Británico (presionado además por  la lucha armada a gran escala del IRA).  El caso de Islandia (independiente de Dinamarca de facto desde 1918, cuando contaba con una población de menos de cien mil personas) es quizás el más parecido a una secesión pacífica y democrática; si bien finalmente intervinieron factores externos como la II Guerra Mundial (durante la cual Islandia fue ocupada por los británicos y Dinamarca por los nazis, por lo que se forzó, de facto, la secesión), así como lo lejano, insignificante y aislado de esta isla. Como anécdota podemos citar el caso de Groenlandia, con menos de sesenta mil habitantes, que en 2008 aprobó por referéndum un estatuto de autonomía que le concedía la mayoría de las competencias, aunque permaneciendo todavía a Dinamarca. En una situación similar se encuentran las Islas Feroe desde 1948.


3. ¿Qué dicen el derecho internacional, la Constitución, las leyes españolas?
-Derecho internacional: actualmente NO existe un derecho genérico a la secesión unilateral de una parte de un Estado con respecto al resto. En general el Derecho internacional prima el Derecho a la integridad territorial de los Estados. Lo que existe es el Derecho de autodeterminación de los pueblos [Recogido en la Carta de las Naciones Unidas (artículos 1.2 y 55) o en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1996 (artículo 1)], que puede primar sobre el de la integridad territorial sólo en unos supuestos muy tasados: dominación colonial (El territorio dominado tiene una condición jurídica distinta  y separada de la del territorio del Estado que lo administra. P.ej: El Congo), racista (Una parte de la población domina sobre la otra en base a criterios étnicos. P.ej: Sudáfrica) o extranjera (Control por una fuerza de origen externo y mediante ocupación militar. P.ej: Irlanda). Según la resolución 2625 (XXV) de las Naciones Unidas, si los derechos civiles y políticos y la no discriminación de una minoría están garantizados por el Estado en el que residan, dicha minoría a no tiene por qué tener derecho a la autodeterminación. En resumen: una región que esté plenamente integrada en un Estado plenamente democrático en el que se protejan las minorías no tiene derecho a la secesión si no es con la aceptación de dicho Estado.
-Las leyes españolas: la Constitución no prevé ningún mecanismo para la secesión de los territorios españoles, luego habría que hacer una reforma para preverlo. Esto exige una doble aprobación por mayoría de dos tercios en el Congreso y el Senado antes y después de unas elecciones generales (con la nueva composición de las Cámaras) más un referéndum (en TODO el Estado). Por otro lado, antes de esto habría que convocar un referéndum en la comunidad autónoma afectada, para lo cual SOLO es competente el gobierno central (art.2.1 Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, sobre Regulación de las Distintas Modalidades de Referéndum), cualquier otra institución no estaría legalmente capacitada para hacerlo.


4. ¿Qué resultado cabría esperar en España?
Tanto en Cataluña como en el País Vasco a día de hoy saldría que no, aunque habría un importante porcentaje de síes. En cualquier otra región con presencia de partidos nacionalistas regionales el "no" ganaría de manera abrumadora (Galicia, Canarias, Valencia y Baleares). Para ello me he basado en distintos estudios, principalmente del Centro de Investigaciones Sociológicas.

-País Vasco:
Pregunta nº8 Estudio 2667 del CIS (2007). Se pregunta qué prefiere el entrevistado (resultado en %):

Un Estado con un único Gobierno central sin autonomías2.2 
Un Estado con comunidades autónomas como en la actualidad34.8
Un Estado en el que las comunidades autónomas tenga mayor autonomía que en la actualidad32.2
Un Estado en que se reconociese a las comunidades autónomas la posibilidad de convertirse en estados independientes26.3*
*El porcentaje era del 30,8 en el Estudio 2593 (2005) y del 31,2% en el Estudio 2228 (1996).

-Navarra:

Un Estado con un único Gobierno central sin autonomías2.2
Un Estado con Comunidades Autónomas como en la actualidad49.4
Un Estado en el que las Comunidades Autónomas tengan mayor autonomía que en la actualidad28.5
Un Estado en que se reconociese a las autonomías la posibilidad de convertirse en naciones independientes13.4*

*El porcentaje era del 18% en el Estudio 2228 (1996).

-Cataluña:
Pregunta nº8 Estudio 2667 del CIS (2007). Se pregunta qué prefiere el entrevistado (resultado en %):

Un Estado con un único Gobierno central sin autonomías8.7
Un Estado con comunidades autónomas como en la actualidad29.5
Un Estado en el que las comunidades autónomas tenga mayor autonomía que en la actualidad35.1
Un Estado en que se reconociese a las comunidades autónomas la posibilidad de convertirse en estados independientes22.5
-Galicia:
Pregunta nº15 Estudio 2603 del CIS (2005). Se pregunta qué prefiere el entrevistado (resultado en %):

Un Estado con un único Gobierno central sin autonomías7.5
Un Estado con CCAA como en la actualidad51.5
Un Estado en el que las CCAA tengan mayor autonomía27.2
Un Estado en el que tengan posibilidad de ser independientes3.4*


*Este porcentaje es similar a los encontrados en otras comunidades como la Comunidad Valenciana, del 2,9%; en las Islas Baleares, del 4,6% o Canarias, del 3,8% (Estudio 2610, de 2005).

En general, en los últimos treinta años, han aumentado lentamente los números a favor de mayor descentralización (posiblemente conforme se iba comprendiendo mejor el funcionamiento de las comunidades autónomas). Sin embargo, la tendencia no permite afirmar que los favorables a la independencia puedan llegar algún día a ser mayoría. En general, la mayoría de las fluctuaciones a favor y en contra tienen más que ver con los cambios de gobiernos nacionales y autonómicos que con tendencias claras a largo plazo. Comparando con datos de 1996, País vasco y Navarra muestran una tendencia a la baja en el independentismo, Galicia es ahora más de un punto menos independentista pero varios puntos más autonomistas; Canarias es tres puntos menos independentista. (Estudio 2228). Cataluña es la única que ha aumentado algún punto en los últimos años según el CIS (hay otras fuentes que apoyan estos datos y otras que los cuestionan).


5. ¿Cuáles serían las consecuencias políticas?
-En caso de que salga que SÍ:
No es fácil de adivinar. En primer lugar, habría que reformar la Constitución con un segundo referéndum en el que el conjunto de los españoles tuvieran voto. Esto haría podría llevar a la tensa situación de un sí a la independencia en esa región y un no en el resto del Estado, paralizando legalmente el proceso. En encuestas de 2009 por Publiscopia, el 61,5% de los españoles votaría contra la independencia de una región española, aún tras una victoria del sí en un hipotético primer referéndum en dicha región. Lo cual crisparía y eventualmente movilizaría aún más a los independentistas.
En cualquier caso sería un motivo de ruptura entre los partidos políticos estatales. Se abriría una época de inestabilidad dentro de los grandes partidos a favor y en contra del proceso, hasta el punto de poder hacer caer al gobierno de turno con el voto de castigo de parte de sus propios diputados. No obstante, muy lejos queda ya el día en el que los militares eran un agente político capaz de oponerse a sus gobiernos.
Cabe preguntarse también ¿Qué ocurriría con los ciudadanos de esa región que votaron no? Probablemente el Estado español se ofreciese a mantenerles la nacionalidad, pudiendo crear una situación en la que casi la mitad de la población del nuevo Estado fuese extranjera, quedando así fuera de la vida política.
Todo esto por no hablar de las dificultades legales a nivel europeo, pues sería la primera vez que un territorio de la UE abandona la misma (aunque fuera para volver a entrar al cabo de unos años... si no hubiera veto de España, claro).
Sin embargo, la vida de los habitantes de dicha región no cambiaría sustancialmente. Las leyes aplicables y las instituciones que las aplican continuarían siendo básicamente las mismas. Poco cambiaría en una época en la que el derecho europeo ha homogeneizado en gran medida (y cada vez más) las diferencias legales entre países miembros y en la que las comunidades autónomas tienen mayores competencias que la de la mayoría de Estados federales del mundo. Aunque el Estado regulaba muchas materias, en las últimas décadas siempre ha sido la comunidad autónoma la que gestionaba su puesta en marcha, por lo que el ciudadano no notaría gran diferencia. La legislación más visible para el ciudadano: sanidad, educación, policía, lengua, medio ambiente, servicios sociales o fomento YA están transferidas a día de hoy a las CCAA. Luego es de esperar que que continuase siendo básicamente la misma.
El nuevo Estado podría controlar mejor recursos como los impuestos (que hoy en día sólo controlan en parte) y aunque ésto pudiera verse reflejado en un aumento de los ingresos (por una mayor renta per cápita), también debería hacer frente a nuevos e importantes gastos como la creación de un ejército, fuerzas especiales, una alta estructura judicial propia, una red diplomática por el mundo y un sustituto de todas las agencias, institutos y ministerios actualmente en Madrid y que habría que duplicar. Es difícil de calcular si este balance entre nuevos ingresos y nuevos gastos sería positivo o negativo. Sin embargo, el conjunto de la economía regional se vería perjudicado, teniendo en cuenta que la incertidumbre inicial, las nuevas trabas legales y la disparidad regulatoria retraerían la iniciativa privada a ambos lados de la nueva frontera (algunas empresas españolas podrían retirarse de la región mientras que algunas empresas regionales podrían perder clientes y oportunidades de negocio en España debido a la ruptura de la unidad de mercado).
En términos electorales, el PP aumentaría considerablemente su número de escaños en el Parlamento español (pues tanto Cataluña como el País Vasco son precisamente las comunidades en las que menor porcentaje de votos reciben).

-En caso de que salga que NO:
En primer lugar, los nacionalistas regionales pondrían alguna excusa técnica para invalidar la legitimidad de la consulta (por ejemplo, como dicen ahora los de Escocia, que fue convocado por el gobierno del Estado, en lugar de por el de la región). Al mismo tiempo, muchos nacionalistas españoles aprovecharían para hacer como si a partir de entonces se pudiera ignorar los sentimientos identitarios de los que hubieran votado sí. Ni tanto ni tan poco. Nadie garantiza que el sí o el no sean para siempre. Pero es obvio que desmontaría buena parte del granero de votos nacionalista, basado en una supuesta opresión centralista contra el sentir "mayoritario" de los habitantes de la región. Un independentismo que, confrontado con los resultados del referéndum, se de cuenta de que es minoritario podría reconvertirse en el medio plazo en un nacionalismo no independentista. Esto a su vez tendría el efecto secundario de frenar las peticiones de mayores transferencias competenciales hacia las comunidades autónomas como medida de presión para contentar a los independentistas.


6. Conclusiones.
Aún veo lejano el día en que un presidente del gobierno español emule la iniciativa de David Cameron. Hoy por hoy ni el PP, ni el PSOE están dispuestos... pero tanto PNV como CiU son conscientes de que les resulta más rentable electoralmente pedir el derecho de autodeterminación que conseguirlo y perder (previsiblemente) el referéndum junto con parte de sus votantes. Como persona que cree que lo importante no son los derechos de los territorios sino los de las personas, no creo que hoy por hoy una región española conseguiría nada en especial separándose del resto. La mayor repercusión sería que durante varios años en lugar de dedicarse a resolver problemas, los gobernantes se dedicarían a defender, atacar y gestionar el referéndum y sus consecuencias. ...Sin embargo, quizás no fuera mala idea plantear algunos referéndum ahora que se sabe que probablemente saldría que no, acabando con una discusión de décadas y satisfaciendo tanto a independentistas (por la posibilidad) como a no independentistas (por el resultado). Mejor que esperarse a que el discurso nacionalista invierta su tendencia a la baja y cale en mayores porcentajes de la población a través de los discursos políticos, los medios de comunicación de masas (públicos y privados), las políticas de inmersión lingüístico-culturales, el descontento económico y los libros de texto.

martes, 25 de octubre de 2011

El modelo federal de Bélgica. ¿Un referente para España?

ABSTRACT: Bélgica, el país con el récord mundial de días consecutivos sin conseguir formar gobierno después de unas elecciones (más de 500, que no es poco). Bélgica, el país con 5 parlamentos para tres regiones y cuatro áreas lingüísticas. Bélgica, capital a la vez de la Unión Europea (integradora de competencias dispersas) y de la descentralización creativa (sin final a la vista). Bélgica, ese país del que tan poco sabemos, pero que nos puede dar -quizás- algunas pistas sobre cómo podría evolucionar en España el modelo territorial.


Recientemente, acabo de desembarcar en Bélgica para pasar en Bruselas mi próximo año de estudios. Y tras varias semanas he ido conociendo poco a poco la peculiar situación política de este país en el corazón de Europa. Aquí y allá he ido viendo semejanzas y diferencias con la situación política española. Comparaciones que pueden servirnos de reflexión la próxima vez que, viendo el panorama territorial español, nos preguntemos ¿Cómo podría ser España dentro de treinta años?

Antes de nada, el contexto; la Historia:
Los actuales conflictos políticos en Bélgica son el fruto no casual de los siglos. Si bien, lo más destacable se encuentra en los últimos 200 años (si no en los últimos 70).
Bélgica es un Estado joven. No existe sino desde 1830, cuando se independizaron -revolución mediante- de los holandeses. Los belgas habían sido de aquí y de allí, pero nunca independientes hasta esa fecha. Más o menos por esa zona había una tribu celta, en la época de los romanos, llamada los belgas, y de ahí el nombre (aunque no empezaron a usarlo de nuevo hasta el siglo XVIII). Pero realmente su historia es un ir y venir: fueron parte del Imperio Carolingio, de los borgoñones, de diversos príncipes, condes, duques y obispos, del Imperio Español, de los austríacos, de los holandeses en su fase republicana, de los franceses, de los holandeses otra vez pero ahora monárquicos y, finalmente, independientes.
Con el nuevo Estado belga, ya que se ponían, se decidió tener un rey belga, que se trajeron (por qué no) de Alemania. Y hasta la fecha que les dura la dinastía. Sin embargo, parece que el rey no ha servido de mucho de mediador últimamente, teniendo en cuenta las tensiones (políticas, más que nada) entre las distintas comunidades lingüísticas.
Comunidades lingüísticas digo, sí, porque en Bélgica hay tres: los neerlandófonos (también llamados "flamencos", que hablan un dialecto del holandés), los francófonos y los germanófonos.

Pero a todo extranjero que le explican por primera vez el follón de las lenguas y los territorios belgas no le acaba de cuadrar por qué les dio a estas gentes por hacer un país tan complicado en lugar de irse cada comunidad lingüística con su país vecino más afín y ya está (Holanda, Francia y Alemania). Pues todo esto viene de lejos. En realidad, aunque nunca habían sido independientes, los belgas ya llevaban tiempo siendo más o menos un territorio diferenciado. En un principio, los españoles dominaban todos los Países Bajos de entonces (Holanda + Bélgica). Pero la parte norte, los holandeses, se independizaron. Y, desde entonces, ya los belgas, el sur, empezaron a adquirir sentimiento de ser un territorio diferenciado de sus países vecinos.
Para cuando, varias guerras después (y tras pasar por austríacos y franceses), volvieron a ser parte de unos Países Bajos (unificados bajo un rey holandés), los belgas ya no querían saber nada de los holandeses, a los que consideraban extranjeros. ¿Y por qué? Pues en aquella época los holandeses (rey incluido) eran protestantes, mientras que los belgas eran mayoritariamente católicos. Así pues, los belgas que hablaban holandés (los flamencos) pensaban que tenían más en común con los belgas que hablaban francés pero eran católicos que con los holandeses que hablaban más o menos la misma lengua pero que eran protestantes. ¡Cómo han cambiado las cosas!
Y tampoco fue todo fue tan sencillo. Hay que tener en cuenta que el rey de los Países Bajos benefició mucho a las provincias del norte (futura Holanda), lo cual llevó a una curiosísima unión de los católicos/campesinos belgas (recelosos de los protestantes) y los liberales/burgueses belgas (perjudicados económicamente). Todo esto y algún que otro abuso de poder monárquico aquí y allá (deriva autoritaria, censura de la prensa, marginación de los francófonos y germanófonos, etc.) supuso el caldo de cultivo para la Revolución de 1830. Se trata de una revolución en la que poblaciones tan distintas como las referidas se unieron contra el enemigo común: el rey absolutista "extranjero". (¿No os da un aire a nuestro 1812?)
Por supuesto, el sentimiento de identidad belga no fue unánime y hubo ciudades que se pusieron de parte de Holanda durante la revolución que llevó a la independencia. Pero, en general, fue más fuerte el sentimiento anti-extranjeros (de los que los belgas, a esas alturas, estaban bastante hartos) que las posibles diferencias ideomáticas.
Dichas diferencias se hicieron patentes cuando las élites (tanto flamencas como valonas), que hablaban francés por aquella época, se olvidaron al llegar al poder (el rey el primero) de las lenguas regionales  (flamenco, alemán y varios dialectos del francés que había en el sur). Esta marginación (hasta el punto de la prohibición) de todo lo no-francés fue el caldo de cultivo para que, ya en el siglo XX, el nacionalismo flamenco surgiera con fuerza. 
Por otro lado, como guinda del pastel, el nacionalismo flamenco fue fomentado por los nazis durante su ocupación de Bélgica como una manera de controlar mejor el país "premiando" a los que tenían una lengua de origen germánico así como mayor afinidad ideológica. No en vano, las políticas de presos fueron mucho más indulgentes y el colaboracionismo más acentuado en el norte, mientras que en el sur la resistencia fue mayor. Finalmente, el papel de la monarquía fue muy criticado por su pasividad ante la ocupación alemana. Con el fin de la II Guerra Mundial, el país hizo un referéndum para decidir si mantenía la monarquía o no. Venció el sí por un estrecho margen, pero en la región valona el no había sido mayoritario. La monarquía siguió, y esto fue causa de resentimiento entre los francófonos.

El Estado Belga fue centralista hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando comenzó un proceso de descentralización que desembocó en el actual federalismo. Aunque la descentralización se ha llevado a múltiples terrenos (sanidad, juventud, deportes, etc.) el motor de todo fue y sigue siendo la lengua. Gracias a este proceso, se ha podido solucionar la marginación histórica a la que estaban sometidas las comunidades no francófonas (a las que se les impedía poder educarse y comunicarse con la Administración en holandés). Sin embargo, detrás de la educación y el fomento de las culturas regionales vinieron el resto de competencias.

En el plano económico, durante los siglos XVIII y XIX la región de Valonia era la más próspera e industrial, por lo que tuvo preeminencia política (aunque también compartió sus recursos con el resto del país). Sin embargo, ahora es al revés, y son los flamencos los que tienen más dinero que los valones (lo cual es un recurrente argumento para los nacionalistas secesionistas flamencos).


El sistema político belga en la actualidad. Para no perderse:

Bélgica es un Estado federal, pero muy particular en su organización. Hay tres regiones con amplias competencias transferidas  a exclusividad (que no compartidas con el Estado, ojo), cada una con su parlamento y su gobierno; así como un parlamento y un gobierno central para las cuestiones consideradas comunes (Hacienda, policía, justicia, ejército, exteriores...). Las regiones son: Flandes (al norte, donde hablan holandés), Bruselas-Capital (en el centro, metida literalmente dentro de Flandes pero con una población que habla tanto flamenco como francés) y Valonia (al sur, donde hablan francés pero al este incluye también la zona germanófona). Flandes y Valonia se subdividen a su vez en provincias y en municipios. Bruselas en "comunas".
Pero, además del gobierno central y de los gobiernos regionales están las llamadas "comunidades lingüísticas", cuyas fronteras no corresponden exactamente con las de las regiones. Así, la comunidad lingüística flamenca es representada por una institución (parlamento y gobierno incluidos) llamada "Federación Flandes-Bruselas" (también llamada Comunidad Flamenca... sí, es un lío); la comunidad francófona tiene una institución análoga llamada "Federación Valonia-Bruselas" y, finalmente, la comunidad germanoparlante tiene otra para ellos solos, pero enmarcada únicamente en una esquina de la región de Valonia. Sin embargo, cada federación y parlamento funciona de forma distinta y con un número diferente de competencias exclusivas (aunque el elemento común son las cuestiones de seguridad social, sanidad, cultura y educación). Así, las instituciones de la Región de Flandes han sido absorbidas por la Federación Flandes-Bruselas; mientras que la región de Valonia y la Federación Valonia-Bruselas permanecen institucionalmente separadas. Esto quiere decir que el parlamento de la Federación F.-B. es votado en Flandes y en Bruselas, decide sobre las cuestiones correspondientes a de la comunidad neerlandófona (igual que la Fed. V.-B.) y, además, decide sobre cuestiones propias de la Región de Flandes (durante cuyas votaciones los diputados elegidos por Bruselas deben abstenerse).

Es a tener en cuenta que Flandes es la que ha ido adquiriendo antes las competencias que el Estado perdía, mientras que Valonia iba a la cola "copiando" lo que hacían los flamencos por aquello de no ser menos que el vecino. En Flandes hay un partido nacionalista independentista (aunque minoritario por el momento), mientras que en Valonia en todo caso lo  que hay es regionalismo, no nacionalismo.

Además de todo esto, existen divisiones específicas de cara a los distritos electorales y los distritos judiciales. Esto ocurre porque hay municipios en Flandes con población francófona y viceversa con Valonia. Por lo tanto, a esas localidades se les deja tener acceso a la justicia en el idioma que prefieran (porque normalmente sólo puedes acceder a la justicia en el idioma de la región). Para las elecciones ocurre lo mismo. En Bélgica por ley todos los partidos son regionales, y sólo puedes votar a los de tu región (es decir, que no hay un "Partido Socialista Belga", sino un partido socialista en cada región que luego, si quieren, se alían en el parlamento estatal. Los distritos electorales permiten a gente de ciertos municipios fronterizos votar a partidos de la región de al lado. Esto ha sido, de hecho, uno de los grandes puntos de fricción política que ha llevado a la situación de parálisis institucional del último año y medio.
Repasemos:
-3 regiones (una la mitad norte del país, otra la mitad sur y Bruselas en medio)= 2 parlamentos y 2 gobiernos (los que corresponderían a Flandes están fusionados con los de la Federación Flandes-Bruselas).
-3 comunidades lingüísticas (Flandes+Bruselas, Valonia+Bruselas y la parte germanófona de Valonia)= 3 parlamentos y 3 gobiernos más.
-1 parlamento y 1 gobierno estatales.
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6 parlamentos y 6 gobiernos.


¿Está España condenada a convertirse en Bélgica?

En primer lugar hay que advertir que nuestras circunstancias históricas, políticas, nacionales y lingüísticas son muy distintas a las belgas. Sin embargo, si bien no en el trasfondo sí que hay ciertas similitudes en las dinámicas políticas, en la retórica nacionalista utilizada y en la deriva descentralizadora.
Para un español puede ser difícil entender el problema de los idiomas en Bélgica porque nosotros tenemos una lengua, el castellano, que es hablada en todas las regiones del país y que nos sirve para comunicarnos entre todos. Sin embargo, si bien un gallego habla gallego y castellano, un flamenco no habla necesariamente francés y un valón no habla necesariamente holandés. Esto lleva a situaciones tan surrealistas como que dos personas del mismo país no se puedan comunicar. De hecho, me he encontrado flamencos cuyo francés era peor que el mío.
Por supuesto, en la escuela se enseña la lengua de la otra región, pero se enseña como quien enseña inglés o cualquier otra lengua extranjera. Es decir, un francés que salga del instituto podrá comunicarse en holandés, pero no necesariamente de manera fluida. Y viceversa. Este mutuo desconocimiento es agravado por un aislamiento absoluto entre las distintas comunidades. Los medios de comunicación son o flamencos o francófonos, nunca mixtos ni traducidos. Los partidos políticos o las universidades son o flamencos o francófonos, no belgas. Un ciudadano de una región belga puede encontrar realmente difícil mudarse (digamos, por motivos de trabajo) a la otra región, donde se verá obligado a hablar un idioma que no le hicieron aprender con suficiente ahínco en la escuela. En la práctica esto supone un círculo vicioso de aislamiento entre las dos regiones (con la salvedad de la bilingüe Bruselas); dinámica que solo revierte en el progresivo distanciamiento de ambas comunidades.
Éstas son las consecuencias de una "inmersión lingüística" exitosa. ¿La lograremos nosotros en nuestras Comunidades Autónomas?

Poco importa que al sistema se le llame federal o no. En la práctica la descentralización española es equiparable a la de varios estados federados. La cuestión es si seremos capaces de dotarnos de un sistema territorial (el que sea) capaz de perdurar en el tiempo, sin ceder competencias progresivamente (y sin un final claro a la vista) a unas regiones cada vez más autosuficientes, que no necesariamente más eficientes. El ejemplo belga, con sus muchísimas diferencias a nuestra situación, puede servir como advertencia:
-"Cuidado, los nacionalistas regionales, por definición, no se sacian nunca. Conseguir hoy una cosa no les frena para mañana pedir la siguiente".
-"Cuidado, que por defender los derechos de las distintas comunidades lingüísticas no se pierda la cohesión estatal y, mucho menos, la capacidad de unos y otros de entenderse dentro del mismo país".
-"Cuidado, que la suma por separado de las partes no es igual al total unido. Si no hay partidos estatales (por mucho que haya afinidades ideológicas entre los de un lado y los de otro), no habrá incentivos para llevar a cabo políticas estatales. Si no hay electorados nacionales, no habrá campañas nacionales y quien no baile al son regionalista se quedará fuera de la competición".
-"Cuidado, que el nacionalismo separatista y la ultraderecha van a menudo de la mano, pues ambas son ideas reaccionarias. 
El nacionalismo actual no es sino una de las formas en las que se manifiesta el fracaso del multiculturalismo allí donde esto sucede".
-"Cuidado, que de tanto hablar sobre quién tiene que hacer las cosas... igual se nos olvida hacerlas".