"Cuando los ciudadanos se desentienden de la política...
...pueden llegar al poder políticos que se desentiendan de los ciudadanos".
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martes, 16 de agosto de 2011

Caos en las calles. Las consecuencias del 'todo vale' de una generación sin referentes

ABSTRACT (RESUMEN): El 13 de agosto de 2011 tuvieron lugar en Londres (y después en otras ciudades) los mayores disturbios que se han visto en décadas en toda Gran Bretaña. Saqueos, incendios, agresiones y hasta asesinatos. Miles de personas campando en una orgía de caos y pillaje que ni las películas post-apocalípticas. Más de 15.000 policías han hecho falta para devolver un tenso orden a las calles en plena capital del reino, en un país supuestamente civilizado y  económicamente mejor que muchos otros. Nadie parece tener la respuesta a la gran pregunta ¿Por qué? ¿Por qué ahí, por qué ahora, por qué semejantes proporciones? ¿Por qué saqueaba gente sin necesidades económicas? ¿Por qué había niños-bien quemando comercios? ¿Qué es lo que no hemos visto en estos años para que tamaño descontrol se nos haya ido de las manos?

  • Los hechos:
Era sábado por la tarde. Unos escasos cientos de personas se manifestaban por la muerte esa semana de Mark Duggan, joven negro (afrocaribeño) de 29 años, durante un tiroteo con la policía. Unos dicen que era un pandillero peligroso, otros hablan de un exceso en la actuación policial. Poco importa eso ya, porque lo que vino después nada tuvo que ver con el origen de todo esto.
Apenas tres horas después, la manifestación se calentó y empezaron los roces con la policía. Nada que no ocurra en un montón de manifestaciones. Tuvieron que acudir los antidisturbios. Pero ya fue tarde. Algo más de dos horas depués, sobre las 23h, los rifi-rafes con la policía habían degenerado en disturbios a gran escala. Autobuses quemados, casas quemadas, comercios saqueados...
Tres días tardó la policía en controlar la situación, todavía cogida con alfileres. Para entonces ya se había extendido a varias ciudades más del país, las pérdidas económicas se cifraban en millones, los heridos por cientos, los detenidos por miles y las vidas segadas en cuatro (todas personas que habían acudido a proteger sus locales y barrios).

  • Los factores:
-Coyunturales: son básicamente dos.
En primer lugar la falta de policía, especialmente durante el primer día de disturbios. Muchos han achacado parte de la culpa -probablemente con acierto- al recorte de efectivos que el gobierno de Cameron le ha hecho a las fuerzas de seguridad. Parece difícil dejar de fijarnos en que los disturbios se han descontrolado precisamente el año en que se ha prescindido de miles de agentes. Pero tampoco es que haya sido la causa.
Otra cuestión es la de la quizás lenta actuación de la policía. Admitámoslo, no se lo esperaban, pero ¡ni ellos ni nadie! En situaciones como ésta, lo más efectivo es un gran (y si es exagerado, mejor) despliegue policial en los primeros momentos. Esto lo que hace es cortar de raíz el problema, no tanto por las personas que se detienen en las calles, sino por las que todavía estaban en sus casas pensándose si salir o no. Una respuesta débil de las autoridades (quizás por no querer ser desproporcionados) al principio de un conflicto, sólo desemboca en que los alborotadores se crezcan, tomen confianza y hagan un efecto llamada. La sociedad debe defenderse. La democracia debe defenderse. Y cuando la defensa es tibia, a los dos días acaban siendo necesarios más efectivos de los que hubieran sido necesarios el primer día para acabar con todo desde su comienzo.
En segundo lugar el uso de las nuevas tecnologías. En especial redes sociales como Facebook o el chat de Blackberry. Parecen haber sido el cauce por el que se han organizado los saqueadores, especialmente su punta de lanza: las bandas de delincuencia organizada. El primer ministro ya ha lanzado un "globo sonda" a la opinión pública a ver qué le parecería que el gobierno pudiera bloquear o restringir este tipo de servicios virtuales. Personalmente, creo que sería inútil (si no han controlado unos dictadores a los informáticos de Túnez y Egipto, menos va a controlar un gobierno democrático a todos los usuarios informáticos del Reino Unido).

-Económicos: Crisis económica, marginación en barrios pobres, jóvenes sin futuro profesional absorbidos por bandas de pandilleros, inmigrantes que no acaban de poder integrarse, racismo latente... Sí, sí, todo esto nos suena. No nos pilla de nuevas y tiene su parte de culpa en todo esto, sin duda. El barrio de Totenham, donde todo empezó, ya vivió disturbios en los 70 y 80. Pero entonces los factores estuvieron más claros: conflictos económico-raciales, roces entre población negra y la policía, barrios conflictivos, etc. Eso no es lo que ha pasado ahora. Quizás por ahí fue la chispa, pero apenas unas horas después del inicio de todo, los disturbios ya nada tenían que ver con su origen (y de hecho, la mayoría de sus víctimas fueron personas humildes y trabajadoras, en gran parte inmigrantes). Hasta los familiares del citado Mark Duggan salieron en los medios intentando calmar a la gente. No lo consiguieron, simplemente, porque los que estaban saqueando tiendas de televisores de plasma no conocían al tal Mark ni les importaba un pimiento.
El año pasado también se vivieron en Londres una serie de protestas contra los recortes sociales... igual que en casi todos los países de Europa. Pudo ser un factor más para caldear el ambiente, pero debemos descartarlo también como causa de todo. Un dato crucial es que gran parte de los asaltantes y saqueadores ni siquiera eran gente en paro o pobre, muchos eran menores de edad que vivían con sus padres o "niños-bien" de familias acomodadas, incluso profesionales con trabajos tales como enfermeras o asistentes sociales... El argumento de unos "saqueos por necesidad económica" también se derrumba. No hay más que ver lo que se robó: ni panes ni harina... fueron teles de plasma, ropa pija y cosas por el estilo. Tampoco se ha podido demostrar que las familias desestructuradas o la pertenencia a bandas sean un factor determinante y excluyente a la hora de que un joven participe o no en los disturbios. Hay algo más detrás de todo esto que no es la reivindicación política, ni la provocación de la policía, ni la marginación social, ni la necesidad económica. Pero... ¿¡qué demonios es!?

-Culturales: Muchos, el primer ministro Cameron a la cabeza, han hablado de la "perdida de valores" como uno de los factores. Entiéndase en un sentido muy amplio.
Hay cuestiones educativas, señaladas por muchos, que critican la falta de disciplina en las aulas, donde la figura del profesor ha perdido la posición de autoridad de la que siempre había gozado; privando a los alumnos de uno de sus primeros referentes en el concepto de jerarquía. En España está pasando lo mismo y deberíamos reaccionar a tiempo con iniciativas como la figura jurídica de "autoridad pública" para los profesores o la concienciación a los padres, que son a menudo los primeros en menoscabar la posición del docente frente a los alumnos. Pero no sólo en la escuela se educa uno. Es la base de toda educación, la de los padres, la que ha fallado principalmente. Niños consentidos se han convertido en adolescentes que hacen lo que quieren porque nadie se les opone en casa. Nunca nadie les dijo "NO", a veces por dejadez paterna o en muchos otros casos, directamente, por ausencia de los padres. ...¿Y cómo van a estar presentes unos padres obligados a jornadas laborales interminables, que casi exclusivamente aparecen por casa para dormir? ¿Podría ser este tipo de factores familiar-económicos un punto común a los saqueadores ingleses, a los que quemaban coches en París o Marsella y a los miembros de bandas juveniles en España o los EEUU?
Como decía en una entrevista el psicólogo Anthony Daniels, "Los niños británicos tienen más posibilidades de tener un televisor en su habitación que un padre viviendo en casa. Un tercio de ellos nunca han comido con otro miembro de su familia en la casa familiar. (...) Son, por lo tanto, radicalmente asociales y profundamente egoístas. Al crecer están destinados no solo al desempleo sino a ser inempleables" Y continúa en otro artículo: "Los disturbios son la apoteosis del Estado de bienestar". (...) "Una población que cree que tiene derecho a altos niveles de consumo con independencia de su esfuerzo personal; y que si no consigue alcanzar esos niveles en comparación con los demás lo percibe como una injusticia. Se ven a sí mismos como despojados, incluso a pesar de que cada uno de sus miembros ha recibido una educación que ha costado 80.000 dólares, por la que ni él ni probablemente ningún miembro de su familia ha hecho mucho por contribuir. E incluso si fuera capaz de reconocer eso, no significa que vaya a mostrarse agradecido, porque la dependencia no crea agradecimiento. Al contrario: simplemente sentiría que las subvenciones no son suficientes para permitirle vivir como quisiera".
Hay también cuestiones morales. O más bien de falta de moral. Buena parte de la masa adolescente (y no tan adolescente) de hoy en día se ha anclado en una especie de nihilismo despectivo con todo. No se trata de una crítica racional al sistema, sino del mero pasotismo, de falta de identificación con la sociedad que les rodea. Es parte de la idea de "generación ni-ni". Gentes que se han criado teniéndolo todo, sin esforzarse por nada y que, ante las negras perspectivas de futuro del panorama laboral, se ven si cabe menos motivadas a buscar una salida a su situación. Gentes que han perdido valores y conceptos como los de comunidad, ciudadanía o esfuerzo personal. Gentes que no tienen nada que perder.. o mejor dicho, que se creen que no tienen nada que perder. Que interiorizan, a la vista de la corrupción de sus dirigentes y del alarmismo de la prensa sensacionalista, que los delitos nunca se acaba pagando, que uno puede hacer 'lo que quiera'. Y lo que es peor: que tiene derecho, al menos moralmente, a hacerlo. El famoso "hooligan" inglés ha dado un salto cualitativo, pero nada que no pueda reproducirse en nuestro país... Pensemos por ejemplo en los casos de  niñatos de familia acomodada que se dedican a asesinar mendigos por pura 'diversión'.

Pero todo lo anterior se ve reforzado por el patrón cultural y económico dominante en nuestros días: la sociedad de consumo. La expansión del pensamiento económico ha llegado a ámbitos de la vida antes libres de tal injerencia. El bombardeo publicitario es incansable y quizás nosotros, la segunda generación de la sociedad de consumo y la cultura de la televisión, estemos empezando a interiorizar sus efectos. Las técnicas de márketing nos han vendido durante años que podíamos ser más felices teniendo esto y aquello, poniéndonos tal artículo o comprando lo de más allá... El problema es que, tarde o temprano, la realidad acaba por recordarnos que tal producto no nos está haciendo felices porque siempre habrá otro más caro o más nuevo que no estaremos teniendo. Dicho momento ha llegado, quizás, con la crisis: nos hemos dado cuenta de que no tenemos todo aquello que nos han hecho querer tener. Y lo que es peor, hemos empezado a temer que nunca lo tendremos. La sociedad de consumo se basa en aguantar las injusticias sociales o la infelicidad actual bajo la promesa de una posible felicidad futura. Pero... ¿qué pasa cuando, de repente, una generación entera se da cuenta de que, probablemente, nunca cumplirá los sueños para los que la publicidad nos ha programado? Frustración. Desengaño. Ira.
Finalmente, algunos han apuntado a un tema peliagudo, el Estado del Bienestar. La teoría, que huele a interesada, artificial y casualmente "oportuna"... no deja de tener su sentido. En países como Reino Unido, muchas familias viven durante años (a veces generaciones) exclusivamente de los generosos subsidios sociales. La idea es la siguiente: hay una generación que ha crecido sin ver jamás a ninguno de sus padres ir a trabajar. Una generación que cree que tiene derecho a todo porque sí, por la costumbre de recibir gratis, sin darse cuenta de lo que cuesta ganarse las cosas. Que los billetes crecen en los árboles, valga la expresión.
No debemos dejar que nos confundan quienes asocian prestaciones sociales con vagancia o quienes ven un fomento de la improductividad donde simplemente hay solidaridad con quien padece desigualdades sociales. No obstante, también puede ser sano reflexionar sobre cuáles han de ser los límites de algunas subvenciones, especialmente si a lo mejor resulta que no están cumpliendo la finalidad para la que se destinaron.

-Sociológicos: Podríamos encontrar un principio de explicación a los robos masivos en lo anteriormente explicado. Pero... ¿y a la quema de manzanas enteras de casas? ¿Y a la violencia desatada? ¿Y al sentimiento de impunidad? ¿Y al relativismo moral del "todo vale"? Numerosos sociólogos apuntan ya a los disturbios como un caso de "comportamientos de masa", algo más allá de un mero problema de delincuencia.
Esto me recuerda a experimentos como el de La cárcel de Standford o el de Milgram (comentados en mi anterior entrada "Política y Punset", una selección de enlaces a documentales del programa "Redes"). Dichos experimentos demostraban como personas normales y 'buenas' eran capaces de atrocidades cuando el contexto social era propicio. Ya fuera por presión de grupo o por confianza ciega en un superior, el caso es que la voluntad y razocinio independiente de los participantes en el experimento se demostró casi nula.
En casos de disturbios graves como los de Inglaterra o los de Francia en 2005 todo puede comenzar en bandas criminales o en turbas enfervorecidas por la marginación social respectivamente, añadiéndose a posteriori el resto de la gente en un efecto 'bola de nieve'.
A menudo la gente hace lo que hace simple y llanamente porque puede, porque es fácil, porque se lo ordenan, o porque todos los demás lo están haciendo. El poder de atracción de la masa (en el sentido sociológico) es mayor de lo que somos conscientes. Que una persona no se haya dejado llevar por el bandalismo colectivo en toda su vida no quiere decir que no sea capaz de ello si el vacío de autoridad y el contexto social son propicios. Sin esas herramientas y sin una personalidad fuerte, no somos sino veletas en manos de las circunstancias que nos rodeen.
  • El resumen:
En cuanto a las causas de la crisis, mi conclusión es que no se pueden reducir a una, ni a dos ni a tres. Se trata de un fenómeno sociológico muy complejo, suma de miles de historias personales cada una distinta de la anterior. Pero sí que podemos intuir ciertos patrones económicos, educativos, culturales y sociológicos. Un buen resumen podrían ser las palabras que dijo Cameron estos días:
"Los niños sin padres, las escuelas sin disciplina, la recompensa sin esfuerzo, el crimen sin castigo, los derechos sin responsabilidades, las comunidades sin control...", han llegado a un punto donde la irresponsabilidad y el egoísmo llevan a las personas a comportarse "como si sus decisiones no tuvieran consecuencias".

Todo hay que decirlo, los saqueadores son una pequeña minoría de la población. La mayoría de la gente ve todo esto con incredulidad e indignación, la mayoría está con la policía, con los dueños de casas y comercios quemados, con las patrullas ciudadanas que espontáneamente se han reunido para limpiar las calles arrasadas... Pero sin duda se enfrentan a una minoría cada vez más numerosa, más segura de sí misma y menos preocupada por las consecuencias de sus actos.

  • Las consecuencias:
Antes de nada, una inquietante reflexión: No puedo evitar acordarme de un curioso documental, basado en el libro homónimo de Naomi Klein, llamado "La doctrina del Shock" (de 2009, comentado en mi entrada sobre cine político). Este documental trata de establecer una relación entre hechos dramáticos como guerras, represión, crisis económica o desastres naturales y la implantación de nuevas medidas económicas aprovechando la distracción que estas catástrofes provocan en la opinión pública [enlace al vídeo]. Aciertos y divagaciones del documental aparte, no hay duda esta es una época muy "golosa" para gobiernos que quieran tomar medidas impopulares en el Reino Unido. No tiene más que presentar la medida a implantar como una solución a los disturbios. La población, atemorizada y confusa ante un fenómeno tan inesperado, tragará con lo que sea, en su deseo de retomar la calma. No soy adivino, pero sin duda hay temas sensibles a ser utilizados en este sentido: la restricción y control de las redes sociales en internet, los recortes en prestaciones sociales, el uso de cámaras en lugares públicos (en lo que Londres es el número uno mundial), reformas penales, reformas de la educación, etc.

Más allá de lo material y de las consecuencias económicas, Gran Bretaña sin duda va a entrar en un periodo de reflexión y autocrítica. Temas tabú como el de ciertos subsidios sociales saldrán a debate igual que ya lo ha hecho el asunto del control de las redes sociales. Cuestiones como la educación y la falta de un futuro para los jóvenes deberán ser revisados en profundidad si no queremos perder otra vez la oportunidad de cambiar aquello que no funciona. La sociedad de consumo, me temo, seguirá con su avance implacable; corrompiendo las mentes de todos nosotros, prometiéndonos lo que no podemos tener y despreciando lo que ya tenemos. Por lo menos, la policía ya no se tomará como un asunto menor la aparición de desórdenes públicos en las ciudades. En cualquier caso, este es un tema todavía candente y del que aún hará falta distanciarse en el tiempo para comprenderlo de una manera más clara.
No es fácil cambiar la mentalidad de buena parte de una generación. Ni tampoco rápido. Sin embargo, todos nosotros: jóvenes, padres y ciudadanos de toda condición somos responsables de lo que pase de aquí en adelante. Ningún país está a salvo de disturbios. Los ingleses fueron los primeros, pero el caldo de cultivo que nutrió sus saqueos no nos es ajeno. Por falta de masas juveniles, apáticas, egoístas, irresponsables y criadas en casas vacías no será. Pero por falta de gente con espíritu de ciudadanía que les haga frente, tampoco.

jueves, 10 de febrero de 2011

Madrid se ahoga. Qué hacer con la contaminación atmosférica.

ABSTRACT (RESUMEN): la contaminación en Madrid y Barcelona está alcanzando límites preocupantes. Políticos y organismos independientes advierten a los alcaldes de estas ciudades de que tienen que hacer algo ya... Bueno, debieron hacerlo hace tiempo pero ahora si cabe su inacción es más flagrante que de costumbre. Pero seamos prácticos ¿Qué se podría hacer?
Como decía esta semana el humorista Andreu Buenafuente, el próximo partido Barça-Madrid lo van a tener que jugar con faros antiniebla.

Los periódicos e informativos de España hablan estos días de la contaminación en Madrid y Barcelona, pero ¿por qué justo ahora?
La cosa tiene que ver con un anticiclón que está haciendo que la contaminación se acumule (más que nada porque no hay apenas viento que se la lleve a otro sitio). Las últimas mediciones de niveles de toxinas son realmente preocupantes.
Entre los problemas para la salud que ocasiona la elevada contaminación destacan los accidentes cardio y cerebrovasculares, además de las enfermedades crónicas pulmonares y la aparición de tumores. "La contaminación en este país mata prematuramente a 16.000 personas anualmente (…) y produce muchas patologías que se podrían evitar", afirmó Javier González Medel, de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid, en rueda de prensa. Pero vamos, que quien ha ido por Madrid estos días lo ha podido comprobar por sí mismo. Yo, por ejemplo, he sufrido estos días unos síntomas más propios de una furiosa alergia primaveral que del tiempo de febrero.

A nivel nacional, aunque no hay datos todavía, otras ciudades con gran cantidad de tráfico y de actividad industrial contaminante son Sevilla y Valencia.

Foto propia del horizonte madrileño un día que haya llovido.

Foto propia (desde el mismo sitio) del horizonte madrileño un día normal que no haya viento.

Foto propia (desde el mismo sitio) del horizonte madrileño a día de hoy.



  • ¿Qué se puede hacer?

Normalmente cuando nos dicen contaminación atmosférica lo primero que pensamos es en fábricas de humo negro. Pero en la zona donde está hecha la foto no las hay. Es todo puro tubo de escape de vehículo a motor. Nada más. Así ¿qué medidas se suelen plantear o se han planteado en casos similares?


-Reducir el número de vehículos de forma aleatoria. En plan "días pares sólo circulan los coches de matrículas pares y viceversa". No parece muy lógico, ¿y si yo tengo que ir a madrid los días impares y mi matrícula es par? Me parece una medida a la desesperada, para casos extremos, que no ataja la base del problema. Es el modelo elegido por Pekín o por Atenas.

-Reducir el número de vehículos por prohibición de entrada. Impedir la entrada a la zona centro salvo residentes y servicios de reparto/suministro/transporte público. Se hace en muchas calles peatonales y comerciales de toda España, sin embargo, para grandes urbes como Madrid y Barcelona la "zona centro" non son tres callecitas paralelas, sino unos cuantos kilómetros. Así que no creo que se pueda hacer factible a tan gran escala

-Reducir el número de vehículos por impuesto de entrada. Consiste en cobrar una multa-impuesto por entrar a partir de cierto punto de la zona centro (con exención para residentes y transporte público). Así se reduce en gran medida el tráfico privado y se fomenta el público. ¡Si ya se sabe que tocando el bolsillo se llega a muchos sitios! Es el modelo elegido por Londres.

-Reducir el número de vehículos por impuesto al número de ocupantes. Se ha hecho en muchas carreteras de acceso a las ciudades para fomentar que los compañeros de trabajo vayan juntos en un mismo coche en lugar de cada uno en el suyo. Se trataría de poner una multa a los coches con un único ocupante, o crear carriles extra por los que solo puedan circular los coches con varios ocupantes. Es interesante para las carreteras que rodean la ciudad (que no son pocas en Madrid precisamente), aunque para el interior de las poblaciones es difícil de regular y de llevar a cabo en la práctica.

-Soterrar el tráfico. Con esto se ganan zonas verdes, peatonales y carriles bici; también se reduce la contaminación acústica. De hecho en Madrid se ha hecho en ciertas zonas, se planea para otras, y se nota. Pero esto no elimina la contaminación, los coches emiten igual bajo tierra que sobre ella (salvo que el sistema de renovación del aire del túnel tenga filtros para la contaminación o algo así, que no es que sea imposible, igual es una solución, pero me suena difícil y caro).

-Potenciar los transportes públicos o ecológicos (zonas peatonales y carril bici). Es lo ideal, promover y no sancionar o prohibir. Pero claro, la pregunta es cómo. Hay cosas muy sencillas como poner el metro las 24H (aunque con menos frecuencia por la noche, vale) al menos los viernes y los sábados, así muchos jóvenes no tendrían que coger el coche para salir de fiesta. Por otro lado está el tema de las bicis: ¿A ver por qué los holandeses van todos en bici a todas partes y nosotros no? Pues por varias razones: 1ª, que la legislación de tráfico y la organización de las vías allí son totalmente pro-ciclistas, mientras que las nuestra es pro-turismos. 2ª, que allí la lleva todo el mundo ¿por qué será que cuando un español se va a vivir a Amsterdam se compra o alquila una bici cuando lleva años viviendo en ciudades españolas sin usarla jamás? ¿Será por el entorno, porque allí está totalmente asimilado como algo lógico y aquí como algo suicida? ¿Será que Holanda es más llanita y aquí hay más cuestas?



En cualquier caso esto no es cuestión de una medida estrella. Hay que hacer todas las que se pueda a la vez, más que nada porque nuestra salud depende de ello. Prohibiciones, multas, redistribución del tráfico, concienciación, facilidades legales y materiales a los ciclistas, precios asequibles para el transporte público, etc.
Yo que ya vivo hace algún tiempo en el área metropolitana de Madrid digo claramente que en Madrid el coche no hace falta. Por mucho que nos podamos quejar tal o cual día el transporte público madrileño es de los mejores de Europa (y bastante más barato que en otros países). Yo no siento ninguna necesidad de tener coche para moverme por Madrid ni para llegar a él. Muchas veces, llegas antes, más tranquilo y de forma más barata en metro que en coche (cógelo, atáscate, apárcalo...). Si el coche particular no es necesario en Madrid (quitando quizás para aquellos que vivan en urbanizaciones o pueblos de los alrededores con mala o ninguna combinación de transporte público), ¿por qué la gente sigue acomodada en su uso? Podemos quitar esa franja marrón del cielo de Madrid, es más, debemos. Pero para eso debemos concienciarnos de que lo que damos por sentado quizás deba cambiar. Quizás el que vive en un pueblo o una urbanización pueda coger el coche para ir hasta Madrid, pero una vez llegue a la ciudad en sí, podría aparcarlo frente a una estación y de ahí hacia el centro seguir en transporte público. Quizás una restricción de tráfico para los no residentes, seguida por una multa a la entrada en la zona centro (proporcional a lo contaminante que sea cada tipo de vehículo), el soterramiento de carreteras como la M-30, un fomento de carriles bici y aparcaderos de bicis, un mantenimiento de precios asequibles para el transporte público (al menos para residentes)... Todo se debe contemplar si queremos no acabar con los pulmones de un fumador empedernido, justo ahora que los fumadores pasivos parecía que habíamos ganado una batalla.
Espero que no acabemos como los japoneses de la tele, con mascarillas para ir por la calle como si de una inmensa planta química se tratase. Si nos fijamos en la dejadez de nuestros alcaldes, para cuando quieran hacer algo puede que ya sea tarde.

jueves, 13 de enero de 2011

Comprar, tirar, comprar. La tiranía de la "obsolescencia programada".

ABSTRACT (RESUMEN): Imprescindible documental de TVE sobre cómo las empresas diseñan sus productos para que se rompan antes de lo normal y así continúe el loco ciclo del consumismo.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/el-documental-comprar-tirar-comprar/983391/
http://www.youtube.com/watch?v=QosF0b0i2f0
http://www.youtube.com/watch?v=ugiJz_HXXIg
(sirve cualquier enlace)

El documental muestra la historia y las claves de la sociedad de consumo, la compra de lo innecesario, la reducción descaradamente intencionada de la vida útil de los productos, la publicidad y el crédito fácil.

"El que crea que un crecimiento infinito es posible en un planeta finito es, o bien un loco, o bien un economista"


PD. He encontrado una página web sobre obsolescencia programada y demás temas relacionados con el ecologismo. Está bastante bien, la verdad. Yo les invitaría a que le echen un ojo al menos: http://www.wikiobs.org/

PD.2. El movimiento crítico con la mentalidad consumista está en alza. No es difícil encontrar más información al respecto para quien la busque. Algunos ejemplos de tantos pueden ser:
-"No-Logo", de Naomi Klein (ver tráiler-presentación, o documental al respecto, ambos en inglés)
-"La historia de las cosas" (ver este corto)
-"La publicidad al descubierto" (Ver el reportaje aquí o aquí).
-"La Isla de las Flores" (Ver aquí).